Debate sobre un parricidio
El Tribunal Constitucional (TC) resolverá próximamente un intrincado hábeas corpus que postula falso parricidio. Un hombre aduce haber recibido injustamente cadena perpetua por mat...
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- El Tribunal Constitucional (TC) resolverá próximamente un intrincado hábeas corpus que postula falso parricidio.
- A las siete de la mañana del lunes 21 de agosto, Sebastián Gárate Vera, de 13 años, transitaba por la calle Díaz Quintanilla del distrito de San Jerónimo, vestido con uniforme escolar, camino al colegio Galileo.
El Tribunal Constitucional (TC) resolverá próximamente un intrincado hábeas corpus que postula falso parricidio. Un hombre aduce haber recibido injustamente cadena perpetua por matar a su primogénito de 13 años. Es un delito espeluznante, como terrible sería un error judicial. En ese caso, el sentenciado, siendo víctima del asesinato de su hijo, permanecerá en prisión hasta el fin de sus días. La madre del niño dijo entre lágrimas a los miembros del TC que se ha quedado sin hijo y sin su pareja, cuya inocencia defendió ardorosamente. El suceso conmocionó al Cusco en el 2017.
A las siete de la mañana del lunes 21 de agosto, Sebastián Gárate Vera, de 13 años, transitaba por la calle Díaz Quintanilla del distrito de San Jerónimo, vestido con uniforme escolar, camino al colegio Galileo. Entonces fue interceptado por un hombre que lo introdujo por la fuerza en un auto conducido por un cómplice. A las 9:30 su madre, Claudia Vera, recibió una llamada de una maestra quien le informó que había faltado a clases. Supuso que andaba con un amigo suyo que tampoco había asistido a la escuela. A las 11:30 recibió otra llamada, esta vez de un desconocido.
Medidas adoptadas y próximos pasos
Medidas adoptadas y próximos pasos
Esa mañana, después de ser informado por su mujer, regresó de inmediato al Cusco. Sin estar casados formalmente, ambos convivían desde el 2003. Sebastián nació ese año y después tuvieron dos niñas. Un último varón nació después del secuestro. La pareja se dedicaba con éxito a la compra y venta de autopartes y envases. La tercera llamada llegó el martes a las nueve de la noche. Los esposos estaban en la comisaría. El secuestrador le preguntó a Claudia Vera si ya tenía el dinero. Ella, aconsejada por un policía, contestó que solo había reunido S/15.000.
El delincuente dijo que llamaría el miércoles a las cuatro de la tarde. Pero no hubo más llamadas. Los secuestradores fueron delatados por una filmación que permitió reconocerlos. El 21 de agosto, dos cámaras habían captado a Sebastián caminando, minutos antes de su secuestro. Lo seguían un hombre a pie y un Suzuki Celerio rojo. Claudia Vera identificó al hombre: era Wilfredo Peralta, hermano de Percy Peralta, su cuñado, marido de su hermanastra Luisa Vera. El auto era el que Percy utilizaba para hacer taxi.
La madre de Sebastián debió haber sentido la ingratitud como una puñalada por la espalda. Ella le había dado empleo a Luisa en su empresa. A Percy lo había beneficiado avalando la compra del Suzuki para que pudiera trabajar. Los Peralta se fugaron y la policía ofreció recompensar a quien diera noticias sobre su paradero. El niño seguía sin aparecer. Los padres suplicaban por televisión a los secuestradores. Juan Carlos Gárate iba de un lado a otro de la ciudad con un vidente al que había contratado por recomendación de un fiscal. Los medios no abandonaban el caso.
El 7 de setiembre acabó el misterio. El cuerpo de Sebastián fue encontrado semienterrado en una ribera del río Vilcanota, en las inmediaciones de Urcos, a 50 kilómetros del Cusco. Bolsas de plástico envolvían el cuerpo. Sebastián había sido estrangulado: una soguilla aún le rodeaba el cuello. A comienzos de noviembre, Wilfredo y Percy Peralta fueron detenidos en Arequipa y Madre de Dios, respectivamente. Wilfredo aceptó su participación en el secuestro. Dijo que fue instigado por un amigo suyo, el expolicía Jorge Charca Condorccahua, quien mantuvo cautivo al niño.
Negó haber participado en el asesinato. Percy, a su vez, dijo que se limitó a prestar su auto por requerimiento de Wilfredo. Así fue como apareció Charca, el tercer implicado. Pero ya no podría ser capturado ni hablar, porque se había suicidado de un balazo el 26 de agosto. Fue luego de asesinar a su padre y a un profesor en la plaza de armas de Tinta. Dos años después, en el 2019, el fiscal Rony Jibaja formuló acusación con una teoría impactante: la pareja de Claudia Vera era el autor mediato del secuestro y asesinato del niño, y los hermanos Peralta sus operadores.
Juan Carlos Gárate fue detenido. El juicio se realizó rápidamente en el 2020, en forma virtual porque el COVID-19 estaba en su apogeo. Gárate fue condenado a cadena perpetua, Wilfredo Peralta a 25 años y su hermano Percy a 17. ¿Cuál había sido la motivación del filicida? Un despecho irrefrenable, es de suponer –la imputación no logra explicarlo–, porque creía que Sebastián no era hijo suyo.De todo lo extraño que puede ocurrir en este mundo no puede descartarse que un hombre espere años para matar a un hijo al que odia porque su padre, posiblemente, es otro.
Investigaciones en curso y medidas legales
Además, que complicara su objetivo añadiendo el secuestro y la extorsión. Pero los hechos tendrían que ser demostrados más allá de cualquier duda razonable, algo que no ocurre con la sentencia, luego convalidada por la Corte Superior del Cusco. La Corte Suprema desestimó la casación arguyendo que no era su función reevaluar pruebas, sino verificar el debido proceso. Eso es precisamente lo que el TC está examinando.Los jueces admitieron, sin corroboración, la versión de Percy Peralta de que, un año antes del secuestro, Gárate le propuso deshacerse del niño.
Tampoco estaba corroborada la declaración de su mujer, Laura Vera, en el sentido de que Gárate incordiaba a Sebastián. Wilfredo Peralta dijo que el expolicía Jorge Charca actuaba por encargo de un tal “Barrabas”, un apodo no comprobado del comerciante. Finalmente, Gárate hizo dos llamadas que la fiscalía consideró sospechosas, pero que no pasaban de ser indicios. La sentencia no explica cómo murió el niño, ni cómo se relacionaron los cómplices. Los jueces no pudieron considerar a Gárate autor mediato, alguien que controla lo que ocurre, porque no había manera.
¿Cómo dirigió las operaciones desde Chile? Entonces lo condenaron como instigador –quien determina a otro a cometer un delito– sin ninguna demostración para ese propósito. No conocía al expolicía, no hubo ninguna reunión para convencer a los secuestradores. Uno de los argumentos del recurso ante el TC es que fue impedido de defenderse ante este cambio de tipo penal. Otro es que el razonamiento probatorio descansó en un manojo de indicios, afectando derechos constitucionales. ¿Cuál sería una tesis alternativa? Que el expolicía buscó apoyo de los hermanos Peralta para realizar el secuestro.
Los videos frustraron el plan. Charca asesinó al niño y se mató. Los Peralta decidieron inculpar a Gárate. Esta pista nunca se investigó y a estas alturas tampoco podría ser demostrada. Con vacíos por ambos lados, el fiscal decidió mostrar a un padrastro odiador.Claudia Vera y Juan Carlos Gárate comenzaron a vivir juntos en el 2003, reanudando una relación. Según Vera, cuando nació Sebastián ella no sabía si el padre era otro hombre que la violó antes de la convivencia. Cuando se lo contó a Gárate, en el 2008, este le pidió olvidarse de la duda, porque “padre es el que cría”.
No quiso hacerse una prueba de ADN. Ella podría mentir. ¿Pero cómo contradecirla sin pruebas?*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.
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Este reporte fue elaborado por la redacción de PeruAlDia mediante curaduría y síntesis periodística asistida, con información reportada originalmente por El Comercio .


