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Primitivo Evanán Poma: el hombre que hizo memoria sobre madera [IN MEMORIAM]

El maestro ayacuchano, figura fundamental del arte de las tablas de Sarhua, dedicó más de cinco décadas a retratar la vida, las costumbres y las transformaciones de su comunidad, h...

Por Redacción PeruAlDia•martes, 29 de setiembre de 2026, 08:42 p. m.•5 min de lectura
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Primitivo Evanán Poma: el hombre que hizo memoria sobre madera [IN MEMORIAM]
Fotografía capturada por El Comercio.
En Síntesis • Lo que debes saber
  • Primitivo Evanán Poma, maestro ayacuchano de las Tablas de Sarhua, fallecióVioleta Quispe Yupari y la rebelión de las tablasHay hombres que, al pintar, consiguen que un pueblo no desaparezca.
  • Si las tablas de Sarhua son una de las expresiones más reconocibles del arte tradicional peruano, una parte decisiva de esa historia, quizá la más, lleva su nombre.

Primitivo Evanán Poma, maestro ayacuchano de las Tablas de Sarhua, fallecióVioleta Quispe Yupari y la rebelión de las tablasHay hombres que, al pintar, consiguen que un pueblo no desaparezca. Primitivo Evanán Poma era uno de ellos. Hoy, lamentablemente, ha muerto. Durante más de medio siglo convirtió la madera, la tierra de colores y una pluma de ave en una forma de memoria. Sobre sus tablas cabían las familias, las fiestas, los muertos, los animales, los conflictos, las migraciones y también las heridas de un país que muchas veces ha preferido no mirarse demasiado.

Si las tablas de Sarhua son una de las expresiones más reconocibles del arte tradicional peruano, una parte decisiva de esa historia, quizá la más, lleva su nombre.Evanán Poma nació el 18 de julio de 1944 en Sarhua, en la provincia ayacuchana de Víctor Fajardo. Creció viendo cómo los mayores pintaban las tablas que acompañaban la construcción de una casa.

Aquellas piezas no eran originalmente cuadros para decorar una pared ni mercancías para turistas, sino objetos de reciprocidad donde quedaban impresas las familias y los amigos de quienes levantaban la casa y las entregaban como obsequio durante la ceremonia del Tabla Apakuy. LA HISTORIA DE UN MIGRANTEEvanán lo explicaba con sencillez: “Las tablas de Sarhua son un acto de reciprocidad”. En su concepción, la pintura no estaba separada de la vida comunitaria. Si alguien construía una casa, los demás tenían que ayudar; si alguien recibía una tabla, llegado el momento debía devolver el gesto.

Medidas adoptadas y próximos pasos

Medidas adoptadas y próximos pasos

Incluso las ausencias podían decir algo. En una entrevista recordó que si un pariente no aparecía representado, podía molestarse y los mayores preguntaban por qué no figuraba. Las tablas, en cierta forma, ayudaban a mantener unida una comunidad. Pero antes de convertirse en uno de sus grandes cronistas, Primitivo tuvo que convertirse en migrante.A los catorce años partió de Sarhua rumbo a Lima. Su primer proyecto de vida no era ser artista, sino sacerdote. Había sido recomendado ante el obispo de Ayacucho, pero su familia no podía pagar los estudios.

Su padre se negó incluso a vender el ganado para financiar la vocación de aquel muchacho al que consideraba enfermizo. Primitivo se resintió, tomó sus cosas, un poco de dinero que había ganado en un concurso escolar y partió.Su arribo a Lima estuvo lejos de cualquier épica. Llegó a La Parada, le robaron parte del dinero y terminó durmiendo en la calle. Luego, se las buscó e hizo de todo: vendió fruta, trabajó como conserje, estudió por temporadas y pasó por distintas carreras universitarias.

La ciudad, que entonces parecía una bestia enorme y desconocida, terminó convirtiéndose en el lugar desde donde regresaría simbólicamente a Sarhua una y otra vez.De niño había observado a los pintores. Como entonces la tradición reservaba el oficio a los hombres adultos, no pintaba: miraba. Esa capacidad de observar terminaría siendo decisiva. En Lima, el antropólogo Salvador Palomino Flores lo animó a recuperar la tradición. Primitivo no le hizo demasiado caso al principio, pero después recordó el consejo y en 1973 realizó su primera tabla.

Dos años más tarde participó en una de las primeras grandes exposiciones de tablas de Sarhua en Lima. En una entrevista contó que en aquella primera exposición llegó incluso una oferta de cheque en blanco por sus obras. Él no terminaba de comprender el valor de lo que tenía entre las manos. Había llegado a Lima siendo un adolescente que dormía en la calle y ahora unos desconocidos querían comprarle aquello que había visto pintar a los mayores de su pueblo.CON UN OJO EN EL PRESENTESu carrera creció a partir de entonces, pero también cambió el sentido de sus tablas.

La tradición familiar comenzó a convivir con la historia contemporánea y en los años de la violencia política, conflicto y terrorismo, Sarhua quedó atrapada entre Sendero Luminoso y las fuerzas del Estado. La empresa comunal de arte que Evanán había impulsado fue destruida durante aquellos años y, luego, él mismo contó que fue señalado por Sendero y que estaba programado para ser fusilado. Después terminó regresando a Lima.Las tablas empezaron a registrar aquello que estaba ocurriendo. El terrorismo, la migración, la discriminación, la violencia contra las mujeres y hasta la pandemia.

La madera dejó de ser solamente soporte de una tradición para convertirse también en archivo. Su proyecto “Piraq Kausa Kaykunapaq” —“¿Quién será el culpable?”—, realizado sobre las heridas de la violencia, terminó formando parte de las colecciones del Museo de Arte de Lima. Otras obras llegaron a museos y exposiciones internacionales, entre ellas colecciones en Dinamarca y España. Primitivo comprendió algo que su propia vida parecía demostrar:

conservar una tradición no significa congelarla.En 1982 fundó, junto con su esposa Valeriana Vivanco y otros artistas, la Asociación de Artistas Populares de Sarhua, en Chorrillos. Su casa-taller se convirtió en espacio de producción, aprendizaje y transmisión. Allí la tradición pasó de padres a hijos. Su hija Venuca Evanán, que años después desarrollaría una obra propia y llevaría las tablas de Sarhua a otros territorios temáticos, aprendió de ellos. “Estas enseñanzas no vienen de una academia.

Vienen de un entorno familiar, de una resistencia comunitaria, donde hay cultura, donde hay memoria. Mi padre ha sido mi gran maestro, mi guía.” Hoy, que su padre ya no está, lo recuerda así: “Siempre nos inculcó el amor y el cariño por el arte para seguir difundiéndolo. Eso ha dejado en sus hijas y las personas de la comunidad que lo hemos querido. Su arte ha cruzado fronteras y uno de sus sueño fue llegar a ser Patrimonio de la Humanidad”. Finalmente, Venuca agrega que “nosotros estuvimos con él hasta el último, acompañándolo siempre.

Sé que ahora está junto con mi mamá y ambos caminan de la mano en el Hanan Pacha”. Esa quizá sea una de las mayores herencias de Primitivo: haber demostrado que también existe una academia sin aulas, una escuela hecha de familia, territorio, observación y amor. EL RECONOCIMIENTODespués llegaron los reconocimientos. En 1990 recibió del Ministerio de Educación las Palmas Artísticas en el grado de Gran Maestro y el Premio Nacional Amauta de la Artesanía Peruana. En 2013 recibió del Congreso la Medalla y Diploma de Honor Joaquín López Antay.

En 2018, la Escuela Nacional Superior Autónoma de Bellas Artes le otorgó la Medalla de Honor Daniel Hernández. Ese mismo año, las Tablas de Sarhua fueron declaradas Patrimonio Cultural de la Nación. En 2021, el Ministerio de Cultura lo distinguió como Personalidad Meritoria de la Cultura.Pero Primitivo tenía una manera particular de recibir los homenajes. No los entendía únicamente como premios personales.

En varias ocasiones insistió en que el reconocimiento correspondía a Sarhua, a su pueblo, a quienes habían pintado antes que él y a quienes continuarían después.Incluso cuando la edad y las enfermedades comenzaron a hacer su trabajo, él seguía hablando del futuro. En 2021, después de haber pasado por el Covid-19 y un tratamiento contra el cáncer de próstata, continuaba pintando. Ese año, durante una salida a la playa, estuvo a punto de ahogarse. Una pareja que corría por la orilla lo encontró y avisó a la policía.

Cuando buscaron su nombre en internet descubrieron quién era aquel hombre que acababa de ser devuelto por el mar.La anécdota tiene algo de fábula peruana: un maestro de la memoria, después de haber sobrevivido a la violencia, la pobreza, la migración y la enfermedad, casi termina derrotado por el Pacífico. Pero el mar lo devolvió.Primitivo Evanán Poma murió dejando una obra que es más grande que sus propias tablas. Dejó una manera de entender el arte como pertenencia y no como adorno. Alguna vez dijo: “Si uno no deja obra, no es nadie”.

Era una frase de apariencia sencilla, pero también una declaración de principios. En cada tabla de Sarhua, una familia sigue reunida. En cada figura pintada sobre madera, alguien todavía mira. En cada escena de una comunidad que se resiste a desaparecer, Primitivo Evanán Poma sigue haciendo lo que hizo durante toda su vida: recordar que un pueblo existe mientras alguien sea capaz de contar su historia.

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Este reporte fue elaborado por la redacción de PeruAlDia mediante curaduría y síntesis periodística asistida, con información reportada originalmente por El Comercio .

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