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Facebook ya no es lo que mostró “The Social Network”: “The Social Reckoning” cambia todo (y tú eres pieza clave)

Aaron Sorkin vuelve, ahora también en la dirección, en una nueva cinta que pone en el centro a Mark Zuckerberg, Frances Haugen y los documentos que revelaron lo que ocurría dentro...

Por Redacción PeruAlDia•lunes, 5 de octubre de 2026, 12:01 a. m.•5 min de lectura
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En Síntesis • Lo que debes saber
  • Unión Europea exige a Meta modificar el “diseño adictivo” de Facebook e InstagramBrad Pitt y David Fincher producen secuela de ‘Once Upon a Time in Hollywood’ para NetflixEn 2010, cuando David Fincher estrenó “The Social Network”, Facebook todavía podía parecer una extravagancia universitaria que había crecido demasiado rápido.
  • Mark Zuckerberg era un muchacho frente a una computadora y Facebook, una criatura recién nacida que comenzaba a descubrir que podía conquistar el mundo.

Unión Europea exige a Meta modificar el “diseño adictivo” de Facebook e InstagramBrad Pitt y David Fincher producen secuela de ‘Once Upon a Time in Hollywood’ para NetflixEn 2010, cuando David Fincher estrenó “The Social Network”, Facebook todavía podía parecer una extravagancia universitaria que había crecido demasiado rápido. La película hablaba de dormitorios, traiciones, dinero y ambición.

Mark Zuckerberg era un muchacho frente a una computadora y Facebook, una criatura recién nacida que comenzaba a descubrir que podía conquistar el mundo.Dieciséis años después, Aaron Sorkin, guionista de la primera película, vuelve al mismo territorio, sin embargo, hay una diferencia fundamental: ya no le interesa contar cómo nació la criatura, sino qué ocurrió después de que aprendió a alimentarse del mundo almacenando los datos de todo aquel que tenga una cuenta en Meta.

“The Social Reckoning”, que llegará a los cines el 9 de octubre, no es una secuela convencional de “The Social Network”, pues aunque regresa a los mismos personajes y al mismo universo, lo hace desde otro momento histórico. Sorkin, quien la ha llamado una “companion piece”, escribe y dirige en esta ocasión. Jeremy Strong interpreta a Mark Zuckerberg; Mikey Madison, a Frances Haugen, la exempleada de Facebook que filtró miles de documentos internos de la compañía;

Investigaciones en curso y medidas legales

Investigaciones en curso y medidas legales

y Jeremy Allen White, al periodista Jeff Horwitz, de The Wall Street Journal, que trabajó con ella en la investigación conocida como The Facebook Files.Facebook, la promesa fallida de conectar al mundoLa diferencia entre las dos películas es también la diferencia entre dos épocas. En The Social Network, el conflicto era casi clásico:Mark Zuckerberg contra Eduardo Saverin representaban la amistad contra el dinero y la creación contra la apropiación. Dos visiones supuestamente antagónicas. Allí David Fincher convertía la fundación de una empresa tecnológica en una tragedia de ambición.

La famosa frase de Sean Parker, programador y empresario, “Un millón de dólares no es cool. ¿Sabes qué es cool? Mil millones de dólares?”, condensaba el espíritu de una época en la que Silicon Valley todavía era capaz de vender el crecimiento como una forma de épica.La nueva película parte de una pregunta mucho menos seductora: ¿qué sucede cuando una empresa tecnológica llega a tener suficiente poder como para modificar la conducta de millones de personas?Sorkin lo ha dicho de manera directa:

“The Social Network trataba sobre cómo se inventó Facebook, y The Social Reckoning trata sobre en qué se convirtió”. Para él, el punto de partida fue la investigación de The Wall Street Journal basada en los documentos de Haugen. “No hay una vida que el algoritmo de Facebook no haya tocado”, ha dicho. “Y esa influencia lo ha transformado todo”.En 2010 nos fascinaba que un programador pudiera construir una red social.

Medidas adoptadas y próximos pasos

En 2026 vivimos en un mundo en el que las redes sociales construyen, en cierta medida, el entorno en el que pensamos.La máquina también nos cambiaEl psicólogo social Jonathan Haidt ha advertido que las redes pueden estar produciendo una “subversión de la capacidad de prestar atención a escala de toda la especie”. El filósofo Byung-Chul Han ha reflexionado, desde otro ángulo, sobre un individuo convertido en escaparate permanente: alguien que no solo vive, sino que aprende a mostrar su vida para una audiencia.

En ese paisaje, la atención deja de ser únicamente una facultad mental y se convierte en un territorio económico. Las plataformas compiten por ella y los algoritmos aprenden qué emociones consiguen retenerla durante más tiempo. Las redes no inventaron la vanidad, la ira ni el tribalismo; hicieron algo más sofisticado: les dieron velocidad, escala y memoria.Haugen lo explicó ante el Senado estadounidense en 2021. “Me incorporé a Facebook porque creo que Facebook tiene el potencial de sacar lo mejor de nosotros”, dijo. Pero después de trabajar dentro de la compañía llegó a otra conclusión:

“Los productos de Facebook perjudican a los niños, alimentan la división y debilitan nuestra democracia”. Según su testimonio, los directivos sabían que podían hacer más seguras sus plataformas, pero no realizaban los cambios necesarios porque habían puesto “ganancias astronómicas por encima de las personas”.La película toma esa contradicción como materia dramática: una mujer que conoció desde dentro una máquina diseñada para conectar a las personas y terminó convencida de que esa misma máquina estaba generando daños que no podían seguir ocultándose.

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Mikey Madison, que interpreta a Haugen, ha contado que lo que más le interesó fue la dimensión intelectual del personaje. “En este caso, siento que lo que tenía que intentar conseguir era una transformación más intelectual”, explicó. La actriz, que no utiliza redes sociales, contó que al conocer la historia pensó: “Lees un guion así y piensas: tengo que hacer esto”. Describió a Haugen como una “heroína enorme” que “hizo algo realmente valiente”.Pero The Social Reckoning no convierte a Facebook en un villano simple.

Jeff Horwitz, el periodista real interpretado por Jeremy Allen White, rechazó la explicación fácil sobre las revelaciones de The Facebook Files: “La respuesta es que Facebook es profundamente partidista a favor de Facebook”. No se refería a que la compañía fuera republicana o demócrata, sino a que sus intereses terminaban favoreciendo a la propia empresa.Su análisis era más incómodo: “No se trata de que Mark Zuckerberg simplemente esté tratando de ganar otro dólar. Tampoco de que la compañía sea una especie de fuerza maligna”.

Facebook, explicó, había construido algo extraordinariamente exitoso y, “de una manera muy típica de Silicon Valley”, no había pensado demasiado en sus externalidades hasta descubrir demasiado tarde que sus productos tenían “efectos perjudiciales significativos en todo el mundo”.Esa mirada evita que la película sea simplemente un juicio moral sobre Zuckerberg. El verdadero asunto es más grande que un hombre.Y entonces aparece el Zuckerberg de Jeremy Strong. En la película, el fundador de Facebook ya no es el joven cerebral que interpretó Jesse Eisenberg.

Es un ejecutivo sometido a interrogatorios, audiencias y un poder que parece haber crecido hasta convertirse en algo difícil incluso para él mismo de controlar. En el tráiler, su Zuckerberg protesta: “¡Ya no llevo dos años fuera de un dormitorio universitario! ¡Miren a su alrededor!”. En otra escena se define como un “absolutista de la libertad de expresión”.Strong escuchó podcasts, leyó entrevistas, observó discursos y apariciones públicas de Zuckerberg y hasta creó una cuenta de Facebook para estudiar sus publicaciones.

Finalmente le escribió directamente al fundador de Meta para decirle que se tomaba muy en serio la responsabilidad de interpretarlo. Zuckerberg le respondió, aunque Strong ha decidido no revelar qué le dijo.Hay algo casi kafkiano en ese intercambio: un actor que interpreta al hombre que construyó una de las máquinas de comunicación más poderosas del planeta escribiéndole al hombre real para preguntarle, en esencia, cómo es ser él.Sorkin, por su parte, ha dicho que la película fue tratada casi como una investigación periodística.

Sony contrató abogados externos para comprobar que cada elemento presentado como hecho pudiera ser defendido. “Cada una de las cosas que se presentan como un hecho es un hecho”, explicó. La razón era sencilla: Meta, dijo Sorkin, es una compañía “enormemente poderosa” con “recursos ilimitados”.El negocio de nuestra atenciónEn 2010, Facebook parecía una promesa. En 2026, vivimos dentro de sus consecuencias. Ya no hablamos solamente de Facebook:

hablamos de TikTok, inteligencia artificial, algoritmos de recomendación, deepfakes, desinformación, polarización, salud mental y una economía digital capaz de saber qué queremos antes de que nosotros mismos terminemos de decidirlo.La cuestión tampoco consiste en afirmar que las redes sociales son malas. Sería demasiado sencillo. Han permitido encontrar familiares, organizar comunidades, crear negocios y mantener vínculos imposibles de sostener de otro modo. El problema aparece cuando el mismo sistema que conecta también descubre que la indignación retiene nuestra atención;

cuando la emoción se convierte en combustible económico.Horwitz lo resumió de una manera especialmente inquietante: muchas de las soluciones que Facebook había estudiado para reducir la circulación de desinformación parecían relativamente sencillas. El problema no era necesariamente desconocer cómo reducir determinados daños, sino decidir si hacerlo afectaría al negocio.Ahí es donde “The Social Reckoning” puede terminar siendo más que una película sobre Facebook.

Porque “The Social Network” contaba la historia de un hombre que quería construir una red para conectar a las personas, mientras “The Social Reckoning” cuenta la de lo que ocurre cuando esa red deja de ser solamente una herramienta y se convierte en parte de la arquitectura de la sociedad.En la primera película, Zuckerberg miraba hacia adelante, y en la segunda, parece obligado a mirar hacia atrás, mientras nosotros estamos en el medio.Si en 2010, la pregunta era quién había inventado Facebook, en 2026, después de dieciséis años de notificaciones, algoritmos, likes, indignaciones, campañas, conspiraciones, amistades recuperadas, amistades destruidas y una cantidad obscena de fotografías de comida, la pregunta parece otra:

¿quién controla ahora aquello en lo que Facebook convirtió nuestra atención?Quizá esa sea la verdadera continuación de la película de Fincher. No una historia sobre Facebook, sino una historia sobre quienes estamos adentro de la red social.

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Este reporte fue elaborado por la redacción de PeruAlDia mediante curaduría y síntesis periodística asistida, con información reportada originalmente por El Comercio .

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