Alfredo Rolando Grosman explora el ónix peruano en la exposición artística “Historias de Piedra”
El escultor peruano Alfredo Rolando Grosman presenta desde este 6 de octubre en el Centro Cultural Ricardo Palma una selección de obras realizadas en ónix, en las que explora la re...
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- Alfredo Rolando Grosman lleva su escultura en alabastro a Madrid en “Fronteras móviles” de Casa de AméricaÓscar Aquino Ipanaqué: el escultor que luchó contra los prejuicios para reivindicar la identidad de los tallánAntes de aprender a esculpir, Alfredo Rolando Grosman aprendió a golpear una piedra.
- El granito, recuerda, era una piedra “extremadamente dura”, y aunque aquella experiencia fue menos una clase de escultura y más una prueba de resistencia física, al final, le entregaron una piedra y le dijeron que hiciera con ella lo que quisiera.
Alfredo Rolando Grosman lleva su escultura en alabastro a Madrid en “Fronteras móviles” de Casa de AméricaÓscar Aquino Ipanaqué: el escultor que luchó contra los prejuicios para reivindicar la identidad de los tallánAntes de aprender a esculpir, Alfredo Rolando Grosman aprendió a golpear una piedra. En el Valle Sagrado, en Cusco, durante una residencia artística, pasó diez días trabajando sobre granito, ayudando a una familia de picapedreros a construir una réplica del Intihuatana de Machu Picchu.
El granito, recuerda, era una piedra “extremadamente dura”, y aunque aquella experiencia fue menos una clase de escultura y más una prueba de resistencia física, al final, le entregaron una piedra y le dijeron que hiciera con ella lo que quisiera. Como no sabía muy bien qué hacer, entonces empezó a mirarla.“Yo no me inspiro. Yo me conecto con la piedra”, dice Rolando Grosman. La frase podría pertenecer a un tratado de espiritualidad, pero en su caso describe también un procedimiento bastante concreto:
observar la materia, encontrar sus vetas, conocer sus resistencias, golpear, lijar, pulir y esperar que una forma aparezca. En ese diálogo entre intuición y oficio ha construido, en pocos años, una obra que hoy tiene en el ónix peruano su material predilecto.“Primero miro la piedra por todos lados, buscando esa conexión. Y cuando empieza el diálogo, siento que mis manos saben qué hacer”, explica. Para Rolando Grosman, la creación comienza así:
Investigaciones en curso y medidas legales
Investigaciones en curso y medidas legales
no imponiendo inmediatamente una forma a la materia, sino observándola hasta encontrar sus posibilidades.Esta noche, 6 de octubre, el Centro Cultural Ricardo Palma inaugura en Miraflores “Historias de Piedra”, su exposición individual, bajo la curaduría de Svitlana Davydenko, profesora de Historia del Arte en Valencia. La muestra propone una investigación sobre el ónix y sus posibilidades físicas y lumínicas. Rolando Grosman conserva deliberadamente zonas de la piedra en bruto, con sus fracturas y cortezas naturales, mientras lleva otras superficies hasta un pulido extremo.
Cuando el mineral alcanza espesores mínimos, la luz penetra en él y revela transparencias y accidentes que permanecían ocultos.La memoria geológicaRolando Grosman llama a ese proceso una forma de revelar la “memoria geológica” de la piedra. La expresión pertenece a su lenguaje artístico, pero describe una característica material concreta: el ónix se forma durante largos procesos geológicos y conserva en sus vetas y capas las huellas de su formación. Al intervenirlo, el escultor no busca ocultar completamente esas marcas.
Medidas adoptadas y próximos pasos
Al contrario, las convierte en parte de la obra.“Una piedra tiene densidades interiores, tiene fracturas, tiene colores vibrantes y colores oscuros. Cuando la trabajas, empiezas a descubrir todo eso”, cuenta. En sus piezas, esa exploración convierte el interior del mineral en parte visible de la composición.Hay en esa mirada algo deliberadamente anacrónico. En un tiempo en que buena parte de la creación artística puede comenzar frente a una pantalla, un archivo digital o un prompt, Rolando Grosman insiste en una materia que exige contacto, esfuerzo y tiempo.
Medidas adoptadas y próximos pasos
Ya había formulado esa preocupación durante su participación en Madrid, donde presentó su serie “Forma en Resistencia”: “Trabajar con cosas táctiles es recordar aquello que es primordialmente humano”, dijo entonces.Entre dejarse llevar y tomar decisiones existe, para él, un espacio de negociación. “La piedra no me dice exactamente qué hacer, pero sugiere”, explica. “También uso el intelecto, el razonamiento para estructurar una composición. Es una simbiosis; por eso siempre digo que es un diálogo.”Hay, entonces, una paradoja en su método:
Rolando Grosman habla de escuchar a la piedra, pero también de tomar decisiones sobre ella. La materia propone; el escultor decide hasta dónde seguirla.Para Rolando Grosman, es importante que la escultura no tenga un solo rostro. El escultor trabaja las piezas para que cambien según el ángulo desde el que se las observe, ya que una misma obra puede contener, según él, al menos tres composiciones diferentes. “Mi meta siempre es que la obra sea diferente de todos los ángulos”, dice.
El espectador no contempla solamente un objeto, sino que debe desplazarse alrededor de él y descubrir cómo cambia.La comparación que utiliza es musical. Habla de “melodía” y “sinfonía” para explicar ese movimiento. La escultura se transforma a medida que el cuerpo del espectador también lo hace. De frente puede ser una obra; al rodearla, otra.Esa búsqueda formal conecta su trabajo con una tradición importante de la escultura peruana contemporánea, aunque Rolando Grosman ocupa en ella un lugar todavía reciente y distinto.
Lika Mutal, una de las figuras fundamentales de la escultura en piedra en el Perú, desarrolló una relación física y espiritual con el material, preservando en muchas de sus obras la tensión entre la superficie áspera y la intervención humana. Su obra “El ojo que llora”, declarada Patrimonio Cultural de la Nación, convirtió la piedra en soporte de memoria y duelo:
alrededor de una escultura central se distribuyen miles de piedras con los nombres de víctimas del conflicto armado interno.Un escultor vitalRolando Grosman medita desde joven y practica qigong, disciplina china vinculada al cultivo de la energía interna. No oculta que esas prácticas forman parte de su concepción artística. Habla de elevar la “frecuencia vibracional”, de trascendencia y de otros planos de existencia. Son ideas que pertenecen a su universo personal y que el artista utiliza como metáforas para explicar lo que busca con sus esculturas.
En el trabajo físico, sin embargo, esas ideas adquieren una traducción concreta: quitar materia hasta descubrir luz.Quizá allí se encuentre lo más interesante de “Historias de Piedra”. No es necesario compartir la cosmología de Rolando Grosman para entender su obsesión. Basta observar una piedra que conserva su corteza áspera junto a otra superficie que, después de horas de trabajo, permite que la luz atraviese el mineral.La trayectoria internacional del escultor ha comenzado a crecer rápidamente.
En 2025 presentó obra en el Vaticano y en 2026 pasó por Madrid con su investigación sobre el alabastro. Ahora regresa a Lima con una muestra que concentra buena parte de las preguntas que ha desarrollado desde que abandonó el mundo empresarial para dedicarse al arte.Su historia, en ese sentido, tiene algo paradójico. Durante años trabajó con proyectos, negocios y propiedades. Hoy trabaja con una materia que mide su historia en millones de años.
El empresario acostumbrado a proyectar, calcular y construir terminó dedicándose a una actividad en la que una parte fundamental consiste en saber cuándo detenerse, porque la piedra también impone sus límites.Rolando Grosman dice que sus manos saben qué hacer, pero también sabe que no puede hacer cualquier cosa con el material. Cada golpe puede abrir una grieta inesperada; cada corte modifica el equilibrio; cada milímetro de ónix puede cambiar la manera en que la luz atraviesa la pieza.
En esa tensión —entre lo que el artista quiere hacer y aquello que la piedra le permite— parece encontrarse su escultura. “Cuando trabajo la piedra siento que hay una conexión entre mi intuición y mi intelecto. Yo no quiero solamente dejarme llevar; quiero construir una composición”, sostiene. Es quizá la frase que mejor resume el método detrás de su aparente entrega a la materia.“Historias de Piedra” propone mirar ese diálogo. La exposición no necesita que el espectador crea que el mineral tiene conciencia, sino que le basta con demostrar algo más sencillo:
que una piedra que parecía muda puede contener color, transparencia, fracturas, tiempo y luz. Algunas veces, el trabajo del escultor consiste menos en imponer una historia que en aprender a descubrirla.
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Este reporte fue elaborado por la redacción de PeruAlDia mediante curaduría y síntesis periodística asistida, con información reportada originalmente por El Comercio .


