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Chapecoense, 10 años después: el libro sobre la tragedia, contado por su autor, el cronista Javier Sinay

¿Qué hace un argentino dedicando casi una década de su vida a investigar una tragedia que involucra a un equipo brasileño que viajaba en una aerolínea boliviana con destino a Colom...

Por Redacción PeruAlDia•sábado, 3 de octubre de 2026, 01:10 a. m.•5 min de lectura
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Chapecoense, 10 años después: el libro sobre la tragedia, contado por su autor, el cronista Javier Sinay
Fotografía capturada por El Comercio.
En Síntesis • Lo que debes saber
  • ¿Qué hace un argentino dedicando casi una década de su vida a investigar una tragedia que involucra a un equipo brasileño que viajaba en una aerolínea boliviana con destino a Colombia.
  • En “El secreto de los sobrevivientes” (Tusquets, 2026), el ganador del Premio Gabriel García Márquez de la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano en 2015, combina la crónica con la investigación y, valiéndose de múltiples fuentes, desentraña uno de los hechos más dolorosos vinculados al fútbol latinoamericano reciente.

¿Qué hace un argentino dedicando casi una década de su vida a investigar una tragedia que involucra a un equipo brasileño que viajaba en una aerolínea boliviana con destino a Colombia? Javier Sinay (Buenos Aires, 1980) cree que el accidente que acabó con casi la totalidad del plantel del humilde Chapecoense la noche del 28 de noviembre de 2016 fue un drama con una bandera más bien latinoamericana.

En “El secreto de los sobrevivientes” (Tusquets, 2026), el ganador del Premio Gabriel García Márquez de la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano en 2015, combina la crónica con la investigación y, valiéndose de múltiples fuentes, desentraña uno de los hechos más dolorosos vinculados al fútbol latinoamericano reciente. ¿POR QUÉ ALGUNOS ESCAPAN A LA MUERTE?Esta interrogante, tomada del subtítulo del libro publicado por Sinay, resultó ser una especie de primer obstáculo en el camino que –felizmente—decidió completar.

“Debía evaluar si valía la pena trabajar una historia que estaba apoyada en una pregunta contrafáctica. Porque el periodismo busca certezas y no incertidumbres”, revela en el inicio de la entrevista. Además de cronista y periodista, Sinay es un lector dedicado. Como quedará probado en sus respuestas, casi todo lo que llega a sus manos le resulta útil. No se trata, pues, de leer por gusto, sino de, fundamentalmente, extraer algún tipo de enseñanza del autor original.

Desarrollo de las acciones y balance del encuentro

Investigaciones en curso y medidas legales

“Suelo buscar modelos para mis libros que me ayudan a entender un poco cómo organizar el relato y, entonces, encontré “EM”, una novela breve de Kim Thúy (una autora vietnamita canadiense) sobre una familia a lo largo de algunas generaciones que atraviesan la guerra de indochina, la de Vietnam, y que finalmente emigran a Canadá. Ese texto muestra cómo una cosa lleva a la otra, y me pareció que eso era lo que tenía que hacer. Yo podía interrogar si había un destino o un azar, pero no podía afirmar –hoy, tampoco—su existencia.

Lo que sí podía era mostrar paso a paso cómo habían ocurrido la cadena de acciones y acontecimientos en esta historia, plantear la pregunta, y que el lector elija si fue azar, destino o hubo algo en el medio”, refiere.La década que se ha tomado Sinay para trabajar este texto de lectura imprescindible devino en cuatro versiones del texto. En la última fue la brillante cronista Leila Guerriero quien lo guio para cerrar detalles.

A continuación, el autor de “El secreto de los sobrevivientes” repasa las claves de su investigación y, además, comparte sugerencias de lectura y escritura para aquellos interesados en publicar investigaciones a profundidad.El subtítulo de tu libro me recuerda a cuando a las parejas de ancianos les preguntan cuál es el secreto para durar tan tiempo juntos. Claramente, no hay una respuesta exacta, sino más bien múltiples…Exacto.

Desarrollo de las acciones y balance del encuentro

En este caso, empecé pensando que podía haber más y mejores preguntas y terminé pensando que debía haber menos y mejores preguntas, las cuales no van a absolver si hay un destino o un azar, pero, por ejemplo, pueden decir por qué sobrevivieron seis personas: en parte por algunas cuestiones técnicas, como que el fuselaje no se destruyó cerca de donde estaban ellos, en parte porque adoptaron la posición que nos enseñan para el aterrizaje forzoso (protegiéndose la cabeza) o, a veces también pasa (no en este caso), que la tripulación avisa y la gente escucha.

Y aquí ya estoy respondiendo de acuerdo a lo que me dijo una gerenta de respuesta de emergencia de una flota de aerolíneas de la región. Pero ella misma me dijo al final que, luego de todo lo enumerado, “claro que también hay algo de suerte” para saber por qué alguien puede sobrevivir a un desastre aéreo.A la gente le gusta encontrar los villanos de las historias y, en esta, hay varios candidatos. Desde Ricardo Albacete Vidal, el dueño del avión con pasado empresarial en Venezuela, hasta el piloto Miguel Quiroga Murakami, quien quizás pudo hacer algo más comprando gasolina de reserva.

¿Tampoco te planteaste encontrar al culpable de lo ocurrido?Entiendo que hay personajes más simpáticos y otros más antipáticos que se corresponden a personas más simpáticas y a otras más antipáticas, pero, justamente el piloto del avión y el empresario dueño del avión son dos de los que podrían tener --y de hecho creo que tienen-- parte de la responsabilidad de lo que pasó, aunque, también tengo que decir que ninguno de los dos fue juzgado y culpado. Uno porque murió y el otro porque se defendió en la corte y evitó estar ahí.

Declaraciones y posturas de los involucrados

Sin embargo, sí son dos personas muy señaladas, y en el libro me explayo más, y también encontré que ambos tienen rasgos bastante ambiguos y eso me interesó. Porque, puede que alguien tenga una responsabilidad, que esté más cerca del rol de villano que de otro, pero una cosa fascinante de escribir historias reales es que las personas somos tridimensionales, complejas, contradictorias y, por ejemplo, (Quiroga Murakami), el piloto que voló con el combustible justo y que demasiado tarde declaró la emergencia, por lo tanto, no pudo aterrizar cómo se debía, y salió todo mal.

Bueno, resulta que uno de los ministros de Bolivia dijo (que Quiroga Murakami) era un homicida, y muchos de sus familiares hablaron con la prensa defendiéndolo, y eso me pareció extraño, porque cuando uno comete un error tan grande los familiares, por lo general, no te defienden. Esperan a que pase la crisis, entonces, pensé ¿por qué tantos familiares defendiéndolo?

Así que tal vez el piloto no debía ser un loco, aunque tampoco tenía que estar ahí tomando esas decisiones el día que las tomó, porque además era socio-dueño de la empresa, entonces, esta tenía muchos problemas económicos y, aparentemente, no llevaron más combustible para ahorrar y el que decide ahorrar no puede ser el mismo que está pilotando. A su vez, Ricardo Albacete Vidal, el dueño del avión, es, asimismo, un sobreviviente, porque en 1999 estuvo a punto de morir en un accidente de autos, nada que ver con esto, pero sí pensé:

Antecedentes y situación actual del caso

Antecedentes y situación actual del caso

qué curioso que el empresario, dueño del avión y quien evita ser juzgado, es a la vez un sobreviviente. Ese es el tipo de cosas que busco cuando escribo, estas paradojas, estas contradicciones del mundo real.No sé si por el tiempo ya transcurrido, pero hubo chance para que algunos de los protagonistas de esta historia escriban sus propios libros. En Brasil y en Bolivia, por ejemplo. Tú has podido leer esas publicaciones, ¿qué rescatas de estas voces post-tragedia del Chapecoense?

¿Cómo juzgar estos testimonios?Los cuatro son libros bien hechos y realmente estremecedores, muy cargados desde lo dramático, con buena información, y de esos cuatro uno que me sirvió mucho que fue el de Helio Neto, jugador del Chapecoense que sobrevivió, pues, por algún motivo que no sé cuál es, él no me dio una entrevista, entonces, mucho de lo que saqué suyo fue de ese texto. Lo mismo con Rafael Henzel, relator de radio brasileño, que, unos meses después murió de un paro cardiaco mientras jugaba fútbol con sus amigos, pero había dejado escrito su testimonio. Pero hay dos libros más.

El de la tripulante de cabina, y el de la operadora de la torre de control de Medellín. Con ellas dos pude hablar, pero fue bastante bueno tener la base del libro. Sería interesante que los otros tres sobrevivientes también escriban sus respectivos testimonios. Claramente, respetas mucho el trabajo con fuentes. En ese sentido, ¿cómo procediste teniendo en cuenta que los tres futbolistas que se salvaron no accedieron a hablar para tu libro?Eso es un problema para cualquiera que esté escribiendo un libro sobre este tema, pero a la vez es la realidad.

Uno tiene que respetar y entender a las personas sobre las que uno va a escribir, sea lo que sea que hagan en la historia. Mira, a pesar de que habían dado muchas entrevistas antes, creo que decidieron no hablar conmigo porque simplemente hay preguntas a las que tal vez quieren responder gritando “¡no sé!”: ¿Por qué sobreviviste? ¿Qué verdad nos puedes contar? ¿cuál es el sentido de la vida? Y quizás el sobreviviente de un desastre aéreo no hace tanto por sobrevivir, sino que simplemente tiene un poco de suerte y mucha fuerza.

Pero, además, no se destruyó el fuselaje justo arriba de ellos, no sé. Insisto: quizás hay cosas que ellos no quieren responder o simplemente no saben. Lo cierto es que el relato de una historia tiene que poder construirse en base a fuentes que sean testimoniales como entrevistas, y en base a fuentes más documentales, como el caso de Helio Neto.

Él no habló conmigo, pero encontré en su libro mucho de lo que él podría haberme dicho, ya sea en sus charlas en YouTube o en entrevistas previas, y sí creo que hay que ser muy sincero y decir ‘con esta persona no pude hablar, sin embargo, puedo contar muchas cosas sobre él’. Y la historia termina construyéndose igual. CONSEJOS PARA ‘MANTENER EL RITMO’ DEL RELATOEres uno de los cronistas más reconocidos de Argentina y en el tiempo que vienes publicando libros, crónicas en revistas y en medios digitales, ¿cómo has ido perfeccionando el manejo del ritmo en tu texto?

Porque empiezas contando la historia de los sobrevivientes, luego al medio lo previo al accidente, la caída, el rescate, y cierras con tu visita al lugar de la tragedia, y con todo lo que encontraste allí. Es una buena pregunta, porque a pesar de que me preocupo porque eso funcione bien tengo que pensar para responderte. Para empezar, cuando leo libros que me gustan, me fijo cómo están hechos. Leo con un ‘ojo clínico’ a Emmanuel Carrère, a Leila Guerriero (que además aquí en este texto fue mi editora), a Rodolfo Walsh, Truman Capote o al propio Borges.

También a los autores estadounidenses que vienen escribiendo Memoir, como David Carr. Siempre me fijo en la fluidez de sus textos. Lo que veo es que, como tenemos menos atención por los celulares y por porque todo está más más al alcance de la mano para dejar de leer, me doy cuenta que los capítulos en general en la literatura que a mí me gusta tienden a ser más cortos y, por lo tanto, yo mismo hice eso. Comencé a escribir con capítulos más cortos que hace 10 años. Y hay mucha edición, repaso, corrección y mucho leer en voz alta.

Por ejemplo, sobre esto último, que es un consejo muy repetido en los talleres, pero leer un libro entero en voz alta puede ser agotador, entonces, me bajé una App llamada Speechify, que te lee cosas, y ahí puse todo el libro una y otra vez, entonces, mientras estaba en casa lo dejaba de fondo y así iba detectando cosas mal escritas, que sonaban mal, y también dónde terminaba y cuál era el ritmo de las historias. Eso fue de gran ayuda.Entre las varias cosas destacables de tu libro está, por ejemplo, que se aleja del sensacionalismo.

Buscaba en paralelo a la lectura del texto información sobre el accidente aéreo y me salía repetidamente “El ángel de Chapecoense”, o sea, la data sobre este adolescente que supuestamente halla el avión caído e informa para iniciar el rescate. Tú lo saltas olímpicamente. ¿Cómo hiciste para definir qué cosas sí y qué cosas no incluir?Viajé a los lugares donde ocurrieron las cosas, al cerro en Colombia donde se estrelló el avión. Ahí me pasó algo muy impactante.

Yo estuve en 2019 --tres años después de la tragedia-- y había restos metálicos muy pequeños, y yo subí con una persona que vive en el lugar y me dijo ‘son restos del avión’. Viajé a Chapecó, la ciudad de donde es el Club Chapecoense. Pero también mucho de lo que consigno en el libro es información que recupero de la prensa y, como la historia del teniente Marlon Lengua, que es un policía colombiano que participó en los rescates, y que encontró a Helio Neto, que fue el jugador de fútbol rescatado en el último momento. Había mucha información suya.

Luego, sobre el ‘El ángel del Chapecoense’ no había tanta información. Y yo no podía construir el lugar de este personaje con la densidad y la profundidad que me gusta construir o hablar sobre la gente. Para mí escribir crónicas es una manera de conocer el mundo, los lugares y la gente. Conocer a un futbolista de Brasil, a un señor que vive cerca de un cerro en Colombia, pero si no tengo tanto para conocer, siento que me va a quedar la cáscara del personaje, y por lo tanto, va a reducirse a un estereotipo, y estos son muy aburridos, son lugares comunes, y es lo que siempre trato de evitar.

Lo dejé por eso. ¿Qué lleva a una persona a comprarse un libro de 322 páginas sobre la tragedia del Chapecoense y no ver un reportaje de 8 minutos en un programa dominical o preferir un documental en streaming? ¿Has podido descifrar, a través de los años, quiénes te leen?La verdad que aún no lo sé. Pero creo que con el libro uno tiene la oportunidad de llegar a preguntas más profundas. Las crónicas que a mí me gustan cuentan una historia usualmente dramática y me dejan preguntas usualmente muy profundas, y las crónicas que yo escribo trato de que repitan ese esa fórmula.

Un documental también te puede dejar eso, pero no sé, la verdad es que no sé bien qué decirte. También el libro quizás es menos exigente en el sentido de que lees una página y descansas, luego retomas y lees 10, mientras que en un documental debes estar sentado una hora viéndolo. Pero tampoco estoy tan seguro de eso.La jugada en la que Marcos Angeleri falla ese gol que pudo llevar a San Lorenzo a la final de la Sudamericana por encima del Chapecoense acumula 180 mil vistas en YouTube. Tiene la narración de Mariano Closs y, más que una atajada, parece que al golero le choca el balón y sale.

Muy impactante verlo 10 años después y retroceder a todo lo que pasó después.La versión del locutor brasileño Rafael Henzel es tal vez más conmovedora. Fue una jugada increíble. Obviamente, Marcos Angeleri no fue a ese partido a decidir sobre la vida de 77 personas. Fue a hacer un gol, o fue a ganar el partido. Lo que pasa es que uno no quiere decir cosas muy repetidas, pero ‘el fútbol es así’. Está lleno de azar, y esto interviene desde que uno patea la pelota, pero a la vez llegar a esta depende de la fuerza de voluntad de los atletas y de la fuerza física.

Por eso estamos ante un deporte con tantas posibilidades narrativas. Y a la vez en un momento la pelota estaba por caer en el área, pero, mientras escribía, me di cuenta que era como una bola de cristal que puede contarte el futuro, pero que no lo hará. Y cuando cae se desarrolla todo lo demás. Escribir sobre esa jugada fue para mí como interrogar un momento clave, donde empieza todo lo que vendrá después. O quizás no, pero uno debe decidir dónde van a empezar y terminar las historias que escribe.

Muchos, por no decir todos los futbolistas, se encomiendan a Dios, besan al cielo y hasta rezan antes o después de un partido. Tal vez todo eso es más notorio con los brasileños. Y el libro está plagado de momentos así, de gente invocando a lo divino. ¿Crees que no se hubiera podido contar una historia como esta sin narrar la fe de los protagonistas?Creo que sí, porque es una historia tan dramática, tan ligada a la vida y la vez tan difícil de explicar que forzosamente deriva en cuestiones como el destino, la fe o Dios. Erwin Tumiri, mecánico aéreo que sobrevivió al accidente, me dijo:

¿En qué fase se encuentra este tema legalmente?Sigue abierto y hasta donde yo sé hay cinco personas esperando a ser juzgadas en Bolivia, pero el juicio en sí no ha comenzado. Bastante típicos en Sudamérica los juicios interminables, o lentos incluso para iniciar…Es verdad. En algún momento me pregunté por qué yo, un argentino, estuve investigando sobre un desastre aéreo de un avión boliviano que ocurre en Colombia y que tiene víctimas brasileras. Y es porque soy latinoamericano. Porque esto no es un caso boliviano, brasilero o colombiano, sino latinoamericano.

Así que, claro, la falta de justicia es una tradición que perfectamente entendemos los que vivimos en esta región y algún día llegará. Ojalá. Así como decidiste no colocar información de personajes de los cuales no conocías lo suficiente, también omites un background con, por ejemplo, 30 páginas de accidentes aéreos que enlutaron el deporte. ¿Cómo fundamentas esa decisión? ¿Fue algo personal o un consejo de los editores?De hecho que sí, había mucho background, pero más que sobre accidentes, lo había sobre sobrevivientes de accidentes aéreos.

Pero sí fue un buen consejo que me dio Leila Guerriero cuando trabajamos en la primera versión del libro y ya en la cuarta yo tomé la decisión de sacar lo último que quedaba de background, porque saturaba mucho al libro, lo tornaba muy repetitivo y terminaba cansando. Dicho lo cual tengo casi un pequeño librito aparte sobre sobrevivientes de aviones, que es todo el material que me sobró y, por ejemplo, una de esas historias ya la publiqué en una en un Substack mexicano llamado Perpetuo.

“El sobreviviente contrafáctico” es la historia de Antonis Mavropoulos, un griego que estuvo a punto de subir a un avión que cayó en el que no hubo sobrevivientes, y por una cuestión de llegar tarde no subió. Esa es una historia muy tremenda, muy dramática.¿Qué sensaciones te deja terminar un libro tan total como este? ¿Hay más satisfacción que cansancio? ¿Qué se viene luego?Uno se pasó 10 años con esto adentro entonces es una felicidad por hablar al respecto con gente como tú o con otras personas.

Martín Caparrós, cuando finalmente lanzó su libro “Ñamérica” tuiteó algo así como que sentía “alivio” de haber publicado un libro así, de casi sacárselo de encima al fin. Este es uno de esos libros. Ahora, estoy trabajando en un nuevo proyecto sobre escritores argentinos de la década del 60, como reconstruyendo un poco la escena literaria de esa época.

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Este reporte fue elaborado por la redacción de PeruAlDia mediante curaduría y síntesis periodística asistida, con información reportada originalmente por El Comercio .

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