Una nueva Inquisición
En las fiestas populares del sur, los cuerpos nunca han obedecido a la moral que hoy pretende vigilarlos. Las q’ewes y huaylacas, presentes en repertorios festivos y danzas altoand...
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- En las fiestas populares del sur, los cuerpos nunca han obedecido a la moral que hoy pretende vigilarlos.
- La frontera entre lo masculino y lo femenino nunca fue tan rígida como pretende esa sensibilidad contemporánea que confunde sus propios prejuicios con la tradición.
En las fiestas populares del sur, los cuerpos nunca han obedecido a la moral que hoy pretende vigilarlos. Las q’ewes y huaylacas, presentes en repertorios festivos y danzas altoandinas, muestran que el cruce de géneros, el exceso visual, la sátira y la inversión ritual han formado parte de la cultura viva mucho antes de que decidieran llamar “ideología” a todo aquello que desborda su estrechez.
La frontera entre lo masculino y lo femenino nunca fue tan rígida como pretende esa sensibilidad contemporánea que confunde sus propios prejuicios con la tradición.Esa persistencia no convierte el pasado andino en una postal progresista, claro está, ni permite proyectar sin mediaciones categorías actuales sobre culturas ancestrales. Sí obliga a reconocer que la diversidad sexual y de género no ingresó a los Andes con referentes extranjeros como RuPaul, con las redes sociales ni con las feministas.
Antes de que la heterosexualidad obligatoria adquiriera estatuto de civilización, ya existían las qariwarmis, huaussas, keussas, warmiawqas e ipas, junto con los relatos y prácticas rituales en torno a la Chuqui Chinchay, como formas de habitar el género que la colonización más tarde sometió a las categorías de pecado y barbarie.El borrado no fue total porque ninguna dominación cultural lo es.
Investigaciones en curso y medidas legales
Investigaciones en curso y medidas legales
Sobrevivió en prácticas religiosas y sociales que hoy exceden la ortodoxia de fiestas donde lo católico convive con danzas transgresoras de los códigos de género y en formas de presencia colectiva que siguen encontrando lugar dentro de una cultura popular atravesada por el sincretismo. Cusco no es la excepción.Por eso resulta revelador que activistas LGBTIQ+ enfrenten hoy procesos penales por su participación en las Marchas del Orgullo del Cusco.
De acuerdo con la Fiscalía Provincial Especializada en Trata de Personas del Cusco, los trajes llamativos, poses y corporalidades feminizadas de la performance drag son actos contrarios a la moral pública que deben ser reprimidos hasta con seis años de cárcel. Es importante notar que ese argumento que se presenta como una defensa de las “buenas costumbres” locales, en realidad estaría incorporando puntos cardinales de la agenda de grupos conservadores estadounidenses, que acusan al drag y los activismos LGBTIQ+ de atentar contra la “moralidad pública”, la familia tradicional y las infancias.
La criminalización que hoy enfrentan las activistas muestra cómo opera ese libreto importado cuando encuentra una institución dispuesta a ejecutarlo y la trayectoria de los casos es particularmente reveladora en ese aspecto. Los procesos contra las activistas nacen después de que una periodista expusiera y estigmatizara a participantes de la Marcha del Orgullo, hecho que motivó a la Fiscalía Especializada en Derechos Humanos a iniciar una investigación en su contra por la presunta comisión del delito de discriminación en agravio del grupo de activistas.
Solo después de que se formalizara la investigación en su contra, la periodista presentó una denuncia penal contra el grupo alegando que la performance drag representaba una ofensa contra el pudor público en modalidad agravada. La Fiscalía de Trata de Personas ha hecho propios estos argumentos, alegando que la orientación sexual y la identidad de género son parte de una ideología foránea que pretende imponerse en la ciudad.Nada más lejos de la verdad. Quienes hoy hacen drag, ballroom, arte y activismo en la ciudad no llegan a colonizar el Cusco. Son parte del Cusco.
Hablan desde sus calles, ritmos, lenguas, memorias y sus propias escenas culturales. Recuperan una historia que fue expulsada del relato oficial y la devuelven al espacio público, allí donde incomoda porque se niega a seguir siendo una nota al pie, una excentricidad permitida solo bajo el disfraz del folclore.En ese marco, la más reciente exposición colectiva “Fiesta Popular Marica. Miradas Cruzadas entre Perú y Bolivia”, en la Galería del Centro Bartolomé de las Casas, en el Cusco, entra precisamente en esa disputa por la memoria.
Medidas adoptadas y próximos pasos
Estamos hablando de investigaciones que conectan Cusco, Arequipa, Huancayo y La Paz para mostrar que las disidencias sexogenéricas forman parte de la cultura popular andina a través de fiestas, ritos y espiritualidad.*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.
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Este reporte fue elaborado por la redacción de PeruAlDia mediante curaduría y síntesis periodística asistida, con información reportada originalmente por El Comercio .

