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¿Sufriste un robo a mano armada y ahora tienes miedo de salir? Así puedes recuperar tu tranquilidad

Cuando la inseguridad ciudadana nos arrebata la tranquilidad, salir de casa puede convertirse en un desafío. ¿Cómo afrontar el miedo que deja un asalto y recuperar el control de nu...

Por Redacción PeruAlDia•viernes, 2 de octubre de 2026, 12:01 a. m.•5 min de lectura
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¿Sufriste un robo a mano armada y ahora tienes miedo de salir? Así puedes recuperar tu tranquilidad
Fotografía capturada por El Comercio.
En Síntesis • Lo que debes saber
  • Ansiedad y estrés constante: así afecta a la salud mental de los peruanos vivir en medio de crisis e inseguridadInseguridad ciudadana: ¿cómo la delincuencia afecta a nuestra salud mental.
  • Después de haber sido asaltada de noche, la oscuridad se convirtió para ella en un momento especialmente difícil por lo que sus horarios se invirtieron y le era imposible conciliar el sueño.

Ansiedad y estrés constante: así afecta a la salud mental de los peruanos vivir en medio de crisis e inseguridadInseguridad ciudadana: ¿cómo la delincuencia afecta a nuestra salud mental?Cuando la actriz y conductora Fiorella Rodríguez sufrió un violento asalto junto a su hija en el 2016, creyó que lo peor había terminado cuando los delincuentes huyeron. Sin embargo, las consecuencias de aquel episodio apenas comenzaban. En una entrevista con el programa Día D, relató el terrible impacto que tuvo en su vida cotidiana: “Me descontrolé demasiado, me traumé, le agarré miedo a todo”.

Después de haber sido asaltada de noche, la oscuridad se convirtió para ella en un momento especialmente difícil por lo que sus horarios se invirtieron y le era imposible conciliar el sueño.Aunque han pasado diez años desde aquel testimonio, su experiencia permite poner sobre la mesa una dimensión de la inseguridad ciudadana de la que poco se habla: sus secuelas en la salud mental.

En un país como el Perú, donde los robos, la violencia y la extorsión forman parte de las preocupaciones cotidianas, vivir una situación de este tipo puede cambiar la manera en que una persona se relaciona con su entono.

Medidas adoptadas y próximos pasos

Declaraciones y posturas de los involucrados

De pronto, quien antes caminaba con naturalidad comienza a vigilar constantemente a su alrededor, a evitar determinadas calles u horarios o incluso a necesitar compañía para salir.Si bien tomar precauciones es una respuesta comprensible, ¿qué ocurre cuando el peligro real ya pasó, pero el organismo sigue reaccionando como si la amenaza continuara?El cuerpo todavía siente el peligroDespués de haber sido víctima de un asalto, nuestro cerebro puede aprender rápidamente que aquello que antes parecía cotidiano también representa una amenaza.

La psicóloga Karin Domínguez, gerente de MODO USIL de la Universidad San Ignacio de Loyola, explicó que este tipo de experiencias activa un mecanismo natural de supervivencia que nos lleva a estar más atentos y a interpretar determinados lugares, horarios o sonidos como posibles señales de peligro.“Es importante entender que el miedo también es una reacción de supervivencia. Podemos compararlo con la luz ámbar de un semáforo:

no necesariamente nos dice “detente”, sino “presta atención, evalúa el entorno y actúa con precaución”, cumpliendo así una función protectora”, señaló en conversación con Somos. El problema parece cuando esa luz ámbar permanece encendida incluso cuando no existe una amenaza inmediata. El cerebro puede generalizar lo ocurrido y asociar otros espacios o situaciones con el peligro: “si me ocurrió aquí, puede pasar en cualquier parte”.

Medidas adoptadas y próximos pasos

Así, una respuesta que inicialmente buscaba protegernos puede comenzar a restringir nuestra vida, especialmente cuando resulta difícil volver a percibir el entorno como seguro. Y es que hay una diferencia clave entre lo que sabemos y lo que sentimos. De acuerdo con Aída Arakaki, psicóloga de Clínica Internacional, “la parte racional de nuestro cerebro puede reconocer que el asalto terminó, pero los sistemas de alarma del organismo pueden tardar más en recuperar su nivel habitual.

De hecho, esa respuesta puede ser más intensa cuando hubo armas, agresión física o una sensación profunda de indefensión, aunque al final, cada persona puede reaccionar de manera distinta según sus experiencias previas o su red de apoyo”Por eso, durante los primeros días o semanas después del robo, es posible experimentar irritabilidad, insomnio, sobresaltos, recuerdos recurrentes, dificultad para concentrarse o una necesidad constante de vigilar el entono. También pueden aparecer respuestas físicas como taquicardia, tensión muscular, sudoración o sensación de falta de aire.

Estas reacciones no significan automáticamente que exista un trastorno; sin embargo, como advirtió Domínguez, es importante prestar atención a su intensidad, duración y al grado en que interfieren en la vida cotidiana. Cuando la precaución empieza a convertirse en una jaulaModificar una ruta o evitar temporalmente una calle es una medida razonable de autoprotección. Sin embargo, resulta contraproducente cuando el miedo comienza a determinar nuestras decisiones y nos lleva a renunciar a actividades importantes.

“Deja de trabajar, estudiar, hacer ejercicio o visitar a alguien porque sentimos que ningún lugar es seguro puede ser una señal clara de que la evitación está comenzando a limitar el funcionamiento cotidiano” apuntó la psicoterapeuta Melissa Vicente.Aunque quedarse en casa puede ofrecer un alivio inmediato, paradójicamente, termina reforzando el problema. Como precisó Verónica Ponce- Castañeda, docente de la carrera de Psicología de la Universidad Científica del Sur, “esto genera un círculo difícil de romper: evito salir porque tengo miedo y, al hacerlo, siento un alivio momentáneo.

Esa respuesta refuerza la conducta y hace que, progresivamente, mi rutina se reduzca cada vez más”.Por ello, es importante diferenciar las precauciones que responden a un riesgo objetivo de aquellas que surgen de una sensación de amenaza que empieza a restringir significativamente la vida. Cuando el temor lleva a abandonar las responsabilidades, las relaciones o las actividades recreativas, el bienestar puede verse afectado. En estos casos, la recuperación no consiste en esperar a que el miedo desaparezca por completo.

Como resaltó Aída Arakaki, “el objetivo no es salir sin miedo, sino aprender que podemos realizar nuestras actividades aun cuando aparezca cierto temor”. Así, avanzar hacia la autonomía implica respetar el propio ritmo, manteniendo precauciones respetables sin permitir que el miedo dicte las reglas.Recuperar el control no significa obligarte a ser valienteRetomar la rutina después de un asalto no significa exponerse de golpe a situaciones que generan temor ni demostrar que ya no tenemos miedo.

De hecho, exigirse estar bien inmediatamente puede añadir una presión innecesaria y generar culpa cuando el proceso de recuperación no avanza como se espera.El psicólogo Jeffry Montenegro, jefe de la Unidad de Salud Mental de la Universidad de Piura, aseguró que decirle a una persona que debe “ser valiente” puede llevarla a tener pensamientos rígidos como “no debería tener miedo” o “no debo estar así”.

Al contrario, la meta no es demostrar la ausencia de temor, sino comprobar que es posible seguir adelante incluso cuando este aparece.Para ello, el especialista recomendó elaborar una lista de actividades y aumentar progresivamente su dificultad. Por ejemplo, se puede comenzar permaneciendo unos minutos cerca de la puerta o la ventana, salir a la vereda, caminar una o dos cuadras y, posteriormente, retomar desplazamientos más complejos, como tomar una combi, un taxi o ir al trabajo.

Repetir estas experiencias permite ampliar poco a poco la rutina y recuperar la confianza en las propias capacidades.También resulta muy útil identificar los pensamientos automáticos que aparecen antes de salir. Preguntarse “¿qué temo que me ocurra?”, “¿cuál es mi miedo?” o “¿qué creo que me va a pasar?” ayuda a reconocer las expectativas que están condicionando nuestras decisiones y a diferenciar una posibilidad de una certeza. No se trata de negar los riesgos del entorno, sino de evaluar la situación sin asumir que el hecho trágico se repetirá de forma inevitable.

Pero, ¿qué pasa cuando algo en la calle activa de pronto el recuerdo? Ante un detonante, la psicóloga Aída Arakaki sugirió hacer una pausa y evaluar: “¿hay un peligro real o esta situación me recuerda lo que ocurrió?”. Observar el entorno e identificar objetos, sonidos y sensaciones corporales puede ayudar a volver al presente.Si la ansiedad se dispara, Miguel Flores, docente de la carrera de Psicología de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya (UARM) aconsejó aplicar una técnica de respiración muy práctica: inhalar durante tres segundos, retener el aire otros tres y exhalar en tres tiempos.

El truco está en colocar una mano sobre el pecho y otra sobre el abdomen, asegurando que solo se mueva la mano del abdomen.Estas herramientas pueden acompañar el proceso de recuperación, pero no es necesario aplicarlas todas a la vez ni avanzar a un ritmo determinado. Lo importante es retomar gradualmente las actividades, siempre considerando las condiciones reales de seguridad. Cuando lo has intentado todo, pero sientes que no puedes soloUn punto clave en este proceso es comprender que recuperar el control no significa transitarlo todo en solitario.

Tras una experiencia impactante, sentir miedo, estar más alerta o modificar temporalmente algunas rutinas es una reacción esperable. Sin embargo, hay señales que indican cuándo el malestar supera los recursos habituales y es momento de buscar apoyo profesional.Según Verónica Ponce-Castañeda, es recomendable buscar atención especializada cuando el miedo o la ansiedad persisten, provocan un sufrimiento intenso o interfieren de manera significativa con la vida cotidiana.

Esto puede manifestarse como insomnio severo, crisis de angustia, aislamiento, abandono de actividades, pensamientos intrusivos o una incapacidad total para desplazarse aun en condiciones de seguridad razonable. “Buscar atención no implica que la reacción sea exagerada”, aclaró la especialista. Por el contrario, significa reconocer que una experiencia de violencia puede superar temporalmente las herramientas con las que solemos afrontar las dificultades.En algunos casos, los síntomas incluso pueden ser compatibles con un trastorno de estrés postraumático.

Al respecto, Karin Domínguez destacó la importancia de prestar atención a la persistencia de pesadillas, evitación, cambios emocionales profundos y una sensación constante de amenaza o hipervigilancia que afecte el ámbito familiar, laboral o social. No obstante, nos recuerda que el diagnóstico corresponde únicamente a un especialista de la salud mental, quien evaluará cada caso de forma personalizada.Por eso, si te encuentras lidiando con las secuelas de un asalto, recuerda que no necesitas exigirte estar bien de inmediato. Darse un tiempo para procesar lo ocurrido es parte de sanar.

Y si el temor persiste o limita tu día a día, buscar acompañamiento profesional es una herramienta para avanzar, nunca una señal de debilidad.Porque recuperar la tranquilidad no necesariamente significa volver a sentir que el mundo es completamente seguro. Significa recobrar, poco a poco, la capacidad de decidir qué hacer con tu vida sin que aquella experiencia determine cada uno de tus movimientos.

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Este reporte fue elaborado por la redacción de PeruAlDia mediante curaduría y síntesis periodística asistida, con información reportada originalmente por El Comercio .

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