Pensar a Grau más allá del mármol
Es innegable que nuestra mirada sobre Miguel Grau se centra en sus gestos heroicos y humanitarios, inmensos y ejemplarizantes. Esta nos lleva a que cada 8 de octubre los actos mili...
Escucha la noticia completa con voz natural

- Es innegable que nuestra mirada sobre Miguel Grau se centra en sus gestos heroicos y humanitarios, inmensos y ejemplarizantes.
- Entre dichos bienes, el arte nos ha legado una variedad de representaciones de Grau, mostrándonos no solo una visión institucionalizada sino, también, imprimiendo la mirada personal del artista, del espacio y de su tiempo.
Es innegable que nuestra mirada sobre Miguel Grau se centra en sus gestos heroicos y humanitarios, inmensos y ejemplarizantes. Esta nos lleva a que cada 8 de octubre los actos militares sean protagónicos. Pero la conmemoración de todo lo que significa Grau para la nación peruana no se agota en ellos, sino que se prolonga y se construye en torno a los símbolos que habitan nuestras ciudades, museos y espacios culturales. Rememoramos al héroe y a la persona en cada objeto que nos narra un pedazo de su accionar y que se convierte en un transmisor de los valores que se consideran más destacables.
Entre dichos bienes, el arte nos ha legado una variedad de representaciones de Grau, mostrándonos no solo una visión institucionalizada sino, también, imprimiendo la mirada personal del artista, del espacio y de su tiempo. Al fin y al cabo, la nación, comunidad imaginada, necesita de elementos compartidos que sostengan la identificación de quienes en ella crecen. Los monumentos son uno de esos elementos. Lugares de memoria son testigos silenciosos que remiten a una idea, un personaje o un acontecimiento que una comunidad juzgó digno de no olvidar y de transmitir.
Así, Grau fue el primer héroe de la Guerra del Pacífico en tener un monumento, el cual se levantó en Piura, la ciudad de su infancia (Adriazola, 2018; Monteverde, 2023).Su construcción no fue casual, ya que, si bien concluyó la guerra, había que hacer frente a sus horrores aún latentes. Por ello, el prefecto Federico Moreno, en 1885, impulsó una colecta para anclar en la ciudad la memoria del marino todo ello, en medio de una convulsa Reconstrucción Nacional.
Medidas adoptadas y próximos pasos
Medidas adoptadas y próximos pasos
Levantar a Grau en mármol, en ese contexto, fue también un acto de modernidad, ya que, con él, la ciudad abría su primer intento de alameda, inaugurando con ella una tradición que persiste hasta hoy: el ver calles, plazas y establecimientos que aún lo invocan.Mas el valor del primer monumento no se agota solo en representar el sacrificio del héroe o en sus características artísticas.
Está en haber envejecido junto con Piura —y, desde 1948, junto con Sullana—, en haber visto crecer la ciudad a su alrededor, generación tras generación, hasta volverse un signo que la ciudad interiorizó sin notarlo. El traslado del primer monumento a Grau fue acompañado de la concreción de la erección del gran monumento pensado por el escultor huaqueño Luis Agurto. Su inauguración fue otro gesto simbólico imponente, que paralizó a la ciudad y concitó la llegada del mismo presidente de turno, Manuel Prado, así como del último grumete sobreviviente del Huáscar, Alberto Medina.
También donó a Piura la maqueta en bronce del monumento, así como dos bustos del héroe, uno de los cuales estuvo destinado al Club Grau y que el escultor lo caracterizó como “una ofrenda más de mi piuranismo… [dedicado a un personaje] cuya figura me ha apasionado toda la vida” (Robles, 1963).En la misma década del cuarenta, la declaratoria de la Casa Grau como monumento nacional, a través de la Ley 10146, constituyó otro gesto simbólico que también se veía como una esperanza de creación de una Casa de la Cultura para la ciudad.
Todas estas iniciativas fueron impulsadas, principalmente, por particulares.Pero la figura de Grau no solo habitó el espacio urbano, sino salones de actos y espacios museales. En 1931, año previo a los 400 años de Fundación de la ciudad de Piura, el cosmopolita pintor Cossío del Pomar ofrece un cuadro de pie representando a Grau como marino. Dicha donación fue aceptada por la Municipalidad de Piura, llegando la obra en 1932.
No sabemos si por una razón práctica o por una admiración mayor, el pintor se fotografió como Grau, siendo la base del óleo que hasta hoy, con una factura académica pero más libre, preside la sala principal del municipio. Y ya en el presente siglo, el Museo Central (Mucen) decide el traslado a su sede en Piura de un retrato de cuerpo entero de Grau, firmado por la pintora de héroes Etna Velarde.El monumento a Grau, y estos memoriales en general, son una puerta que al cruzar debe llevarnos a interrogantes de mayor amplitud: ¿cómo y qué recordamos? ¿Cómo y qué transmitimos?
¿Y cómo habitamos nuestras ciudades? De igual modo, estas representaciones deben llevarnos a pensar sobre el verdadero legado del marino. No debe ser una imagen fija que se conmemora cada 8 de octubre, sino una reinterpretación que cada generación, en cualquier lugar del país, realiza del peruano del milenio.*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.
¿Quieres recibir las noticias antes que nadie?
Únete a nuestro Canal de WhatsApp y recibe alertas del Perú al instante.
Este reporte fue elaborado por la redacción de PeruAlDia mediante curaduría y síntesis periodística asistida, con información reportada originalmente por El Comercio .


