Mucho más que una línea
Hay problemas que un Estado enfrenta cuando aparecen. Y hay amenazas que un Estado responsable empieza a enfrentar antes de que crezcan. La diferencia está en saber leer las señale...
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- Hay problemas que un Estado enfrenta cuando aparecen.
- Durante la “Operación Zancudo”, nuestras Fuerzas Armadas y la Policía Nacional enfrentaron a integrantes de “Comandos de la Frontera”, una organización criminal transnacional conformada por disidentes de las FARC, con hombres armados, logística y capacidad para operar en una de las zonas más complejas de nuestra geografía.
Hay problemas que un Estado enfrenta cuando aparecen. Y hay amenazas que un Estado responsable empieza a enfrentar antes de que crezcan. La diferencia está en saber leer las señales a tiempo. El Perú comparte aproximadamente 7,073 kilómetros de frontera terrestre con cinco países. Más de siete mil kilómetros que no podemos mirar como simples líneas trazadas sobre un mapa. Una frontera no es una línea dibujada con lápiz. Es territorio. Es soberanía. Es seguridad. Es presencia del Estado. Lo ocurrido recientemente en Putumayo es una señal.
Durante la “Operación Zancudo”, nuestras Fuerzas Armadas y la Policía Nacional enfrentaron a integrantes de “Comandos de la Frontera”, una organización criminal transnacional conformada por disidentes de las FARC, con hombres armados, logística y capacidad para operar en una de las zonas más complejas de nuestra geografía. Pero Putumayo no es un hecho aislado. En mayo, una operación conjunta entre Perú y Brasil en el río Yavarí permitió incautar cerca de nueve toneladas de droga y armamento.
Medidas adoptadas y próximos pasos
En julio, en nuestra frontera con Ecuador, la Policía encontró un campamento ilegal con torreones de vigilancia, municiones y cientos de cartuchos de explosivos. Un hecho puede ser una alerta. Varios hechos conectados empiezan a mostrar un patrón. Colombia, Brasil, Ecuador, Bolivia y Chile. Cinco países vecinos. Una frontera. Una misma responsabilidad: protegerla. No podemos mirar cómodamente nuestras fronteras como si lo que ocurre allí estuviera lejos de nuestras ciudades. Estas zonas son una de las variables más sensibles en la lucha contra la criminalidad. Y hay algo fundamental:
por la frontera el crimen no solamente sale. También entra. Sale droga. Pero pueden entrar armas, explosivos ilegales, dinero de procedencia ilícita, criminales de organizaciones extranjeras y nuevas formas de violencia capaces de alimentar estructuras que después extorsionan, secuestran, asesinan y desafían la autoridad del Estado a lo largo y ancho del país. Lo que ocurre en la frontera no se queda en la frontera. El crimen transnacional no piensa en países. Piensa en corredores. Busca rutas, detecta vulnerabilidades, conecta organizaciones y mueve recursos.
Por eso no basta con perseguir o enfrentar al hombre que cruza. Hay que seguir la ruta, el dinero, las comunicaciones y la logística. Así podemos entender no solo dónde está hoy una organización, sino hacia dónde pretende moverse mañana. Para el terrorismo y el crimen transnacional, el escenario ideal es poder actuar continentalmente, atravesando fronteras mientras los Estados permanecen limitados por ellas. Ese margen de maniobra hay que cerrarlo cada vez más. Mecanismos de cooperación como el Escudo de las Américas apuntan precisamente en esa dirección:
intercambio oportuno de información, tecnología y coordinación entre países frente a amenazas que no reconocen fronteras. Nuestros vecinos son nuestros aliados frente a un enemigo común. El crimen coordina. Los Estados también. Y cada operación conjunta le reduce espacio para actuar. Operaciones como Zancudo muestran el valor de esa lógica: detectar, conectar, coordinar y actuar. La seguridad del Perú no empieza solamente en las calles de las grandes ciudades. Empieza también en el Putumayo, en el Amazonas, en el Yavarí, en la Cordillera del Cóndor, en el Titicaca y en Tacna.
Por eso debemos estar siempre atentos a nuestras fronteras con estrategia y con táctica, para anticiparnos y evitar que la violencia escale. Porque la seguridad nacional empieza mucho antes de que el crimen llegue a nuestra puerta. La frontera no es una línea. Es la primera defensa del Perú frente al crimen transnacional. *El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.
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Este reporte fue elaborado por la redacción de PeruAlDia mediante curaduría y síntesis periodística asistida, con información reportada originalmente por El Comercio .

