Menores peruanos son reclutados por grupo armado colombiano en el Putumayo
Los Comandos de la Frontera captan a menores peruanos en el Putumayo con dinero y la promesa de un futuro en un territorio con escasas oportunidades. El Estado no registra el probl...
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- ## Los Comandos de la Frontera captan a menores peruanos en el Putumayo con dinero y la promesa de un futuro en un territorio con escasas oportunidades.
- Por: Pamela Huerta Bustamante En un pequeño territorio al borde del río Putumayo, que hace las veces de frontera entre Perú y Colombia, se encuentra San Antonio del Estrecho, capital de la provincia a la que el río da nombre.
Los Comandos de la Frontera captan a menores peruanos en el Putumayo con dinero y la promesa de un futuro en un territorio con escasas oportunidades. El Estado no registra el problema porque nadie se atreve a denunciarlo. Y el conflicto, al otro lado del río, se está intensificando.
Por: Pamela Huerta Bustamante En un pequeño territorio al borde del río Putumayo, que hace las veces de frontera entre Perú y Colombia, se encuentra San Antonio del Estrecho, capital de la provincia a la que el río da nombre. Esta corriente no solo divide dos naciones, también conecta a comunidades indígenas y campesinas que comparten un mismo territorio dominado por los Comandos de la Frontera (CdF), un grupo armado cuyos líderes formaron parte de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).
Allí vive Klever*, quien tiene apenas 10 años y es conocido en su comunidad por sus habilidades con la pelota. Quiere ser futbolista profesional. Y aunque no ha terminado la primaria, su familia ya recibió una oferta. "Fueron unos colombianos que vienen de vez en cuando. Siempre que llegan juegan partido con él y toman su gaseosa. Ahí hablan y le dicen que en unos años podrá irse con ellos. Es como un trabajo, pero no sé", cuenta su padre, con una sonrisa que no logra ocultar el nerviosismo.
Medidas adoptadas y próximos pasos
Medidas adoptadas y próximos pasos
La oferta proviene de los CdF. En el río Putumayo los límites políticos o las nacionalidades no tienen significado. Y captar menores peruanos para las pugnas de este grupo armado en Colombia tampoco representa ninguna contradicción.
Organización armada opera en el límite entre Perú y Colombia.
Alcances de la norma y disposiciones oficiales
Lo que ofrecen es difícil de rechazar en un territorio donde el 50% de la población tiene al menos una necesidad básica insatisfecha: alrededor de 600 dólares mensuales, días de descanso, uniformes y armas. La tasa de deserción escolar en primaria alcanza el 7,3% —más de cuatro veces el promedio nacional—, y el analfabetismo es de 7,2%, superando el 5,1% de la media nacional. Quien logra llegar a Iquitos a estudiar debe prepararse, según el dicho local, para "tener barriga de marrano": comer una vez al día.
Alcances de la norma y disposiciones oficiales
Según el derecho internacional, la adhesión de un menor a un grupo armado es siempre forzada, ya que un niño, niña o adolescente no tiene la madurez cognitiva para consentir válidamente su ingreso a una organización armada, y los factores de vulnerabilidad extrema —pobreza, ausencia de opciones, engaño— anulan cualquier noción de libre albedrío. La responsabilidad penal recae íntegramente sobre los adultos que reclutan.
Investigaciones en curso y medidas legales
El padre Flórez cuenta que, cada cierto tiempo, los CdF lo abordan cuando navega el río, y que en algunas ocasiones se ha encontrado con jóvenes que él mismo formó en la iglesia. Él dice que los enfrenta con amor, porque los sigue considerando su familia. Y cuando los interpela, la respuesta que suele recibir es que “no se pudo hacer más”.
El problema, sin embargo, no existe para el Estado peruano: no hay denuncias formales. Para esta investigación se consultó a la Defensoría del Pueblo, al Ministerio de la Mujer y a la Presidencia del Consejo de Ministros. Ninguna respondió hasta el cierre de esta edición. César Campos, alcalde del Putumayo, al ser consultado sobre el problema de reclutamiento en su provincia, señala: "Tengo una familia y también corre peligro mi vida". Luego añade que los puestos policiales "se caen a pedazos" y que la población no confía en que denunciar pueda protegerlos.
La ausencia de denuncias produce un círculo difícil de romper: sin casos registrados, el fenómeno no aparece como prioridad estatal. El problema puede existir sin estadísticas. Y puede crecer precisamente porque no aparece en ellas.
El escenario se agravó en agosto de 2026. El nuevo presidente de Colombia, Abelardo De la Espriella, puso fin a los diálogos de paz y retomó los bombardeos contra grupos armados disidentes. En el departamento del Guaviare, operaciones recientes dejaron al menos 30 muertos, incluidos tres menores de edad. Para los menores reclutados por los CdF —incluidos los peruanos— el nuevo escenario es una amenaza concreta: atrapados en una organización que opera a ambos lados del río, en una guerra que se intensifica.
En el Putumayo, la respuesta a esa pregunta puede determinar si un niño permanece en su comunidad, cruza el río para incorporarse a un grupo armado o termina atrapado en una guerra que se libra cada vez más cerca de su casa.
*El nombre fue cambiado por motivos de seguridad.
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Este reporte fue elaborado por la redacción de PeruAlDia mediante curaduría y síntesis periodística asistida, con información reportada originalmente por La República .


