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Literatura y memoria colonial en el libro “Otras Historias del Archivo de Indias

Edmundo Paz Soldán, Carlos Granés y Carlos Fonseca son parte de la publicación que reúne diez textos de ficción y ensayo y que será parte del programa del Hay Festival Arequipa 202...

Por Redacción PeruAlDia•domingo, 11 de octubre de 2026, 05:55 p. m.•5 min de lectura
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Literatura y memoria colonial en el libro “Otras Historias del Archivo de Indias
Fotografía capturada por El Comercio.
En Síntesis • Lo que debes saber
  • De “chilena” a “marinera”: qué revela el cambio de nombre de nuestro baile nacional sobre nuestra historiaSan Francisco de Asís, figura y legado para un mundo modernoTres escritores encuentran en documentos del Archivo de Indias en Sevilla el reverso de la historia colonial: la resistencia andina del Taki Onqoy, el impacto geopolítico de la invasión napoleónica en España y cómo la cochinilla de indias determinó el arte barroco.
  • Dixeron que Ataguju, criador de todas las cosas al qual tenyan por prinçipal fin según su ley; y este dicen que está en el cielo y que no se mueve de allí sino que de allí govierna todas las cosas y las cría, y dizen quel hizo el cielo y la tierra y las govierna de allí”.

De “chilena” a “marinera”: qué revela el cambio de nombre de nuestro baile nacional sobre nuestra historiaSan Francisco de Asís, figura y legado para un mundo modernoTres escritores encuentran en documentos del Archivo de Indias en Sevilla el reverso de la historia colonial: la resistencia andina del Taki Onqoy, el impacto geopolítico de la invasión napoleónica en España y cómo la cochinilla de indias determinó el arte barroco.“Començando a preguntar a los sazerdotes, ¿qué sentían de Dios? ¿A quién adoravan?

Dixeron que Ataguju, criador de todas las cosas al qual tenyan por prinçipal fin según su ley; y este dicen que está en el cielo y que no se mueve de allí sino que de allí govierna todas las cosas y las cría, y dizen quel hizo el cielo y la tierra y las govierna de allí”.

Los escritores bolivianos Edmundo Paz Soldán y Liliana Colanzi leen fascinados estas líneas de un informe escrito por los padres agustinos de Huamachuco entre 1551-1554, actualmente conservado en el Archivo General de Indias en Sevilla y parten de ella para escribir a dos manos el interesante ensayo “La enfermedad del canto”, incluido en el libro “Otras historias del Archivo de Indias” (Anagrama) que nos recuerda las dimensiones que tuvo el Taki Onqoy, movimiento milenarista y panandino surgido en el siglo XVI contra la dominación española, y que caracterizado por posesiones rituales y la resurrección de las huacas, buscó restaurar el orden precolombino.

Medidas adoptadas y próximos pasos

Medidas adoptadas y próximos pasos

Como advierte Paz Soldán, pese a la represión clerical liderada por Cristóbal de Albornoz, estos documentos revelan la resistencia e hibridación cultural de la llamada “utopía andina” que investigó el historiador peruano Alberto Flores Galindo a mediados de los años ochenta.En su ensayo, el escritor cochabambino y profesor de la Universidad de Cornell opta por el ensayo para rastrear las manifestaciones más tempranas de resistencia andina frente al dominio español.

Examina los informes del visitador Albornoz, clérigo español que combatía idolatrías y cuyos informes fueran estudiados por Flores Galindo. Paz Soldán lamenta que el visitador español solo recogiera testimonios de gente con poder, sean sacerdotes o vecinos importantes. Nunca habla con los indígenas. “Esa voz está escondida en estos documentos”, explica.Albornoz definía la “posesión” de los seguidores del Taki Onqoy como apostasía o locura. “Andaban como tontos”, escribía el visitador en sus reportes.

Investigaciones en curso y medidas legales

“Era imposible para una autoridad en el siglo XVI pensar que los indios, subordinados tras un choque militar, podían tener una cosmogonía compleja. Fueron muy pocos los que se dieron cuenta entonces de la complejidad de los saberes espirituales y religiosos indígenas”, afirma Paz Soldán.En su ensayo, el novelista comparte documentos que enriquecen la estrecha mirada de Albornoz.

Investigaciones en curso y medidas legales

Se trata de la fascinante relación de la religión y ritos del Perú hecha por los padres agustinos, una de las fuentes tempranas más valiosas sobre la cosmovisión andina, estudiada por historiadores como María Rostworowski o Franklin Pease. “Se nota en los padres un interés más antropológico que religioso para dar cuenta de una complejidad que los superaba”, afirma Paz Soldán. “Para una mentalidad de mediados del siglo XVI, se trata de una investigación extraordinaria.

No solo se maravillan con lo que escuchan, sino que respetan la complejidad de la religiosidad andina”, explica.“El Taki Onqoy fue una respuesta cultural, espiritual y religiosa a un momento de opresión atroz. Un movimiento que proyectó un futuro alternativo para grupos indígenas humillados, pero no vencidos.

Pienso que para nuestras culturas andinas es importante volver a pensar el pasado, pues ello te permite pensar en los posibles futuros que no ocurrieron, y que podrían darnos pistas para entender el presente y diseñar futuros alternativos”, añade el novelista.La invasión napoleónica de España en 1808 desencadenó una crisis de legitimidad que fragmentó el Imperio hispánico. Como resultado, tras debates basados en el pensamiento neoescolástico, las élites decidieron que la soberanía retornara al pueblo en ausencia de Fernando VII.

Aunque inicialmente las juntas americanas proclamaron su lealtad al rey, terminarían llevando al orden colonial a su disolución.En su ensayo “La pesadilla del virrey Abascal”, el ensayista colombiano Carlos Granés parte de un informe hallado en el Archivo de Indias, en el que esta autoridad del virreinato del Perú da cuenta de la proclamación de Fernando VII. También estudió cartas en las que el virrey cuenta cómo sofocó las revueltas en La Paz, Chuquisaca y Quito, ciudades que no reconocían la autoridad de la Junta Suprema del Gobierno de Sevilla.

Además de aquellas cartas, entre los textos hallados en el Archivo de Indias, Granés tuvo acceso a una carta de Joaquín Murat, el gran duque de Berg y cuñado de Napoleón, que advierte al virrey del Perú que, tras la invasión a España, América era francesa, y que los virreyes debían ponerse a las órdenes del Gran Corso. “Abascal recibió esa carta y se escandalizó. Si algo teníamos claro tanto los americanos como los españoles es que por nada del mundo íbamos a ser franceses aceptando la autoridad napoleónica”, explica.Para Granés, el virrey Abascal resulta un personaje de novela.

“La situación precaria en la que ejercía su poder le obligaba a ser pragmático, estratégico y muy hábil políticamente, porque no sabía si iba a salir vivo de su palacio. Era el representante de la Corona, la persona sobre la cual descargar toda la ira y el resentimiento. Podía fácilmente acabar muriendo en un levantamiento popular”.Así, la pesadilla del virrey no solo habla del miedo de Abascal a la pérdida militar del imperio ante Francia, sino del vértigo de aquellos tiempos inciertos. “Abascal siempre fue un leal funcionario de la corona, y uno de los funcionarios virreinales más poderosos.

Tanto así que contuvo y mantuvo al margen cualquier movimiento autonomista en Lima. Pero al virrey le estalló la revolución hispánica en las manos y la acefalía de una monarquía. Fue un momento dramático, porque en el territorio del imperio español, nadie mandaba. Y esa ausencia obligó tanto a los peninsulares como a los americanos a responder preguntas que no se habían hecho nunca en presencia del rey: ‘¿Quién carajos manda?’”.Al autor de “Delirio americano”, los años de 1808 y 1809 resultan cruciales, mucho más incluso que las confrontaciones en Junín o Ayacucho.

“Ambas batallas fueron determinantes para culminar el proceso independentista. Pero lo que lo detonó fue una reflexión sobre quién debía gobernar o autogobernarnos. Contestar estas preguntas hizo que los engranajes del antiguo régimen empezaran a crujir”, explica Granés. “Tuvimos que encontrar respuestas modernas para desafíos que se nos vinieron encima sin haberlos buscado.

Pusimos los primeros palitos que después se convirtieron en los cimientos de una nueva realidad, la de las naciones-estado con representación democrática y elecciones populares”, añade.Un anciano judío converso evoca, desde un convento, su juventud en las Indias. Obsesionado con el sueño de la indígena Citlali sobre el rojo de la cochinilla y asediado por la muerte de sus compañeros tras un naufragio, ha perseguido toda su vida ese color sagrado. Y al final de sus días, lamenta que aquel pigmento haya terminado enriqueciendo a la Europa del barroco.

A esta historia se suma la de una indígena que sueña con el rojo de la cochinilla como espacio de libertad, pero también con el rojo de la sangre de los cochinos, los cerdos traídos por los españoles, que tiñe la pesadilla que ella vive, rodeada por la violencia y la muerte. Tras investigar en textos del Archivo de Indias vinculados a naufragios y sueños de indígenas, el escritor Carlos Fonseca comenzó su relato a partir de la figura de un nopal:

una ilustración de 1620 en la que se muestra cómo extraer y procesar la cochinilla, un conocimiento aprendido de los indígenas americanos.Así, entre las complejas historias de tiempos coloniales recuperadas por sus compañeros, Fonseca dirige su mirada a la modesta cochinilla, insecto con el que se produce el pigmento que tiñó de rojo los más finos tejidos Wari, así como los encendidos escarlatas de los lienzos barrocos de pintores como el Greco o los fajines carmesí en las sotanas de los cardenales. “El archivo es un lugar de poder, un lugar donde hay muchísimos silencios y vacíos.

Uno empieza a buscar en él, pero te das cuenta cuán difícil es encontrar sus historias. Y como escritor, tienes que jugártelas para intentar reconstruir esas ausencias”, afirma el autor costarricense, y profesor en el Trinity College de la Universidad de Cambridge.En su investigación, empezó a interesarse en los naufragios y en todas sus víctimas y pérdidas. Y en medio de esas lecturas, una de sus estudiantes, historiadora del arte, le habló de la cochinilla, el rojo de tunas originario de América.

Entonces, su reflexión sobre lo perdido pasó a ser también una metáfora de los recursos que perdió América para ganancia europea.Conocido por novelas que tienen a la historia del arte como principal fuente, el autor de “Museo animal” advierte que, a principios de 1600, la cochinilla o “grana fina de Indias” se convirtió en una de las materias primas más deseadas de América.

“No sé exactamente quién fue el primer pintor que la incluyó como pigmento en su trabajo, pero tengo entendido que el escarlata producido con esta materia prima se empezó a utilizar por muchos artistas del siglo XVII con una verdadera obsesión. Es fascinante que la historia de los estilos artísticos no pueda pensarse sin las condiciones históricas materiales que le dieron paso”, afirma.

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Este reporte fue elaborado por la redacción de PeruAlDia mediante curaduría y síntesis periodística asistida, con información reportada originalmente por El Comercio .

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