Jugar a la ruleta rusa con la vida ajena
“Fue un juego que se les escapó de las manos” es la frase de uno de esos idiotas, que se creen importantes, para describir una violación en manada en el ómnibus donde viajaba su hi...
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- “Fue un juego que se les escapó de las manos” es la frase de uno de esos idiotas, que se creen importantes, para describir una violación en manada en el ómnibus donde viajaba su hijo.
- Si ahora es posible que hasta un subnormal minimize, a codazo limpio, la responsabilidad de los perpetradores y testigos de un crimen imperdonable, qué tal si se nos permite valernos de su idea del “juego” para tratar de comprender, metafóricamente, lo que ocurre en el Perú de la irresponsabilidad y la crueldad infinita desde hace ya varias décadas.
Si ahora es posible que hasta un subnormal minimize, a codazo limpio, la responsabilidad de los perpetradores y testigos de un crimen imperdonable, qué tal si se nos permite valernos de su idea del “juego” para tratar de comprender, metafóricamente, lo que ocurre en el Perú de la irresponsabilidad y la crueldad infinita desde hace ya varias décadas.
En efecto, para quienes, desde hace un buen tiempo, venimos denunciando episodios de violencia extrema contra las mujeres, los niños, los animales y todo ser vulnerable que se cruce por el camino de un antisocial –ávido de dinero o de emociones extremas–, la ruleta rusa es el nombre que mejor define a este juego macabro que hoy tiende a la masificación.
Medidas adoptadas y próximos pasos
Medidas adoptadas y próximos pasos
Porque finalmente se pone, en la mesa de las apuestas psicopáticas de una sociedad sumida en el más absoluto azar, como la nuestra, la vida de millones de compatriotas, quienes trabajan arduamente para mandar a sus hijos al colegio con la esperanza de una vida mejor.La escena más escalofriante de “El francotirador”, que es de las mejores películas sobre la Guerra de Vietnam, muestra a un soldado norteamericano drogado, jugando su vida a la ruleta rusa en un antro de Saigón.
La metáfora de la brutalidad e insensatez de una guerra que sacudió los cimientos de la sociedad estadounidense nos lleva a la reflexión sobre la violencia; en este caso, a la provocada por un conflicto armado que envenena las almas de quienes lo vivieron en carne propia. Para los analistas de la película, que se inicia con una escena de cacería en un lugar bucólico de los Estados Unidos, el juego representa un radical cambio de registro existencial.
Este es que la vida de los miembros de una sociedad, conmocionada por la brutalidad bélica, ya no se rige por la justicia, la racionalidad, ni mucho menos por la piedad, sino por el más puro azar. Así, en este “juego” azaroso que se “escapó de las manos” en el Perú de San Borja, pero también de Madre de Dios o de los socavones de Pataz, la clave consiste en destruir al otro, reproduciendo las tendencias atávicas de una sociedad que tampoco ha resuelto sus posguerras y que, más bien, carga con sus nefastas prácticas de generación en generación.Y de ello el Estado peruano no se libra.
No es una casualidad que el juego de la degradación extrema, por no decir la tortura de un estudiante del Liceo Naval, seguida de un apetitoso chifa, discurra en la esfera de un colegio militar, un pequeñísimo recoveco estatal que exhibe las mismas tendencias autodestructivas a las que nos hemos venido refiriendo.
Y, para los que aún tienen alguna duda de que el Estado peruano es un diestro jugador de la ruleta rusa en todas sus variantes, no hay más que observar que la mayoría de sus últimos representantes andan presos e incluso recordar las cirugías estéticas y los Rolex –digamos juguetones– de quien impuso su presidencia a sangre y fuego, mientras su sucesor se dedicaba a comprar caramelos en la tienda de un proveedor del Estado.
Pero probablemente la historia más grave de este tétrico juego de la ruleta rusa, contra el futuro del Perú, es la de ese presidente que, en medio del COVID-19, donde su negligencia provocó la muerte de más de 200.000 peruanos, se vacunó, como jugando a las escondidas.
Con este tipo de ejemplos tan vergonzosos, padres de familia permisivos y con una escuela en la cual muchos maestros han abdicado de su labor, ya sea por agotamiento, acoso o falta de apoyo, no sorprende que la tendencia a la destructividad sea vista como un juego y que esta se siga extendiendo como una plaga a lo largo y ancho del Perú.*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.
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Este reporte fue elaborado por la redacción de PeruAlDia mediante curaduría y síntesis periodística asistida, con información reportada originalmente por El Comercio .


