El otro negocio de la IA
La inteligencia artificial (IA) no solo es un negocio de algoritmos. Según cómo va avanzando en sus capacidades, va a requerir más capacidad de almacenamiento y procesamiento, y es...
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La inteligencia artificial (IA) no solo es un negocio de algoritmos. Según cómo va avanzando en sus capacidades, va a requerir más capacidad de almacenamiento y procesamiento, y eso, aunque no lo parezca, se parece más a un negocio de ‘real estate’.Por eso, Latinoamérica empieza a interesar a los gigantes globales de la IA porque tiene energía, territorio, conectividad y espacio para crecer.
¿Tiene el Perú oportunidad en ese nuevo mapa de la IA?Cuando hablamos de la carrera por la IA solemos mirar a Silicon Valley y preguntarnos si algún día tendremos nuestro propio gran modelo de lenguaje de IA. Pero tal vez la pregunta esté mal planteada.
Desarrollar un LLM (modelo extenso de lenguaje en español) de frontera exige capital, chips escasos y una escala que hoy no tenemos, y por eso conviene preguntarnos si esa debe ser nuestra obsesión o si debemos escoger mejor la pista en la que sí podemos competir.Porque las capacidades de la IA no viven realmente en ‘la nube’, en un lugar intangible en algún lugar del espectro radioeléctrico.
En verdad, las supercapacidades de la IA y sus evoluciones requieren de los ‘data centers’, espacios físicos o incluso edificios donde miles de servidores almacenan y procesan los datos –‘big data’– que la IA usa. Pensemos en Lurín, donde ya opera un ‘data center’ que, cuando complete su expansión, podrá albergar hasta 960 racks de servidores y alcanzar 20 megavatios de potencia.Y aquí aparece algo curioso, pues el negocio de los ‘data centers’ se parece, por momentos, menos al software y más a uno de ‘real estate’.
Importan el terreno, la ubicación, los permisos, la construcción y el cliente que ocupará esa capacidad durante años. Solo que el metro cuadrado vale poco si no viene acompañado de electricidad confiable, fibra óptica, refrigeración y seguridad. Así las cosas, la IA está convirtiendo a ‘la nube’ en una que no es de agua condensada, sino de cemento.Chile ya decidió jugar esa partida y busca consolidarse como un ‘hub’ regional de ‘data centers’, apoyándose en energía renovable, conectividad y una política para atraer inversión y desarrollar talento.
Para el Perú, la lección no es copiar el modelo, sino entender la lógica.Detrás de los centros de datos también se pueden construir ecosistemas de agentes y de conocimiento en torno a energías renovables, redes de fibra, servicios ‘cloud’, mantenimiento, ciberseguridad, formación técnica y aplicaciones de IA.
Esos ecosistemas de ‘data center’ pueden además ayudarnos a garantizar de mejor forma nuestra soberanía digital, en tiempos en los que empezamos a preguntarnos qué papel queremos jugar en la nueva disputa global por la IA y sus desarrollos.Quizá no fabriquemos en los próximos años alguna IA del tipo Claude, pero, tal vez, sí podríamos aprovechar la otra derivada de la economía de la IA, vinculada con nuestras facilidades geográficas y diversidad de suelos, que pueden garantizar mejor y más procesamiento de datos globales.Porque la nube de los datos no siempre está en los cielos:
en tiempos de la IA puede estar también debajo del subsuelo e, incluso, del lecho marino o fluvial. *El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.
Este reporte fue elaborado por la redacción de PeruAlDia mediante curaduría y síntesis periodística asistida, con información reportada originalmente por El Comercio .


