El Niño: cuando el hambre entra en el pronóstico
El Niño está de regreso y los pronósticos apuntan a uno de los episodios más intensos de las últimas décadas. En América Latina y el Caribe podría desencadenar un efecto dominó: co...
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El Niño está de regreso y los pronósticos apuntan a uno de los episodios más intensos de las últimas décadas. En América Latina y el Caribe podría desencadenar un efecto dominó: cosechas perdidas, menores ingresos, alimentos más caros y un aumento del hambre. Pero a diferencia de otras crisis, esta es una amenaza que podemos anticipar. La oportunidad de actuar antes de que sus consecuencias más severas se materialicen está a nuestro alcance.Estimamos que El Niño puede empujar a cerca de 50 millones de personas hacia la inseguridad alimentaria aguda para finales del 2027 en todo el mundo.
En ese caso, el número de personas incapaces de cubrir sus necesidades alimentarias básicas aumentaría un 22% hasta alcanzar 274 millones. Muchas familias verán cómo se marchitan sus cosechas, se compromete su sustento y se erosiona, día a día, su capacidad para poner alimentos en la mesa. Hay comunidades enteras que deberán tomar decisiones imposibles, mientras sus medios de vida quedan expuestos a un fenómeno que no conoce fronteras.Pero El Niño no solo afecta a quienes cultivan la tierra ni ocurre en el vacío.
En un planeta marcado por tensiones geopolíticas, interrupciones en rutas comerciales estratégicas y crecientes costos de transporte, una mala cosecha puede provocar ondas expansivas que se extienden mucho más allá de los campos. Menos producción significa menos alimentos disponibles, mayor presión sobre los precios y un acceso más difícil para los hogares más vulnerables. El Niño no es solo un fenómeno climático;
es una nueva presión sobre un sistema alimentario global que –cada vez más– opera al límite.En América Latina y el Caribe, la inseguridad alimentaria podría aumentar en 16 millones de personas en los países donde opera el Programa Mundial de Alimentos.
El Corredor Seco centroamericano se ha convertido en uno de los principales focos mundiales de impacto de El Niño, donde una sequía inclemente pone en jaque las cosechas y los medios de vida de millones de familias rurales.En el Perú, El Niño amenaza con golpear duramente la agricultura, con pérdidas de hasta una cuarta parte de la producción y hasta tres millones de personas requiriendo asistencia humanitaria. Actualmente, 893 distritos de 22 regiones del país, incluida la Provincia Constitucional del Callao, se encuentran en estado de emergencia declarado.
Estas regiones productivas están en la primera línea de una amenaza marcada por inundaciones, pérdida de cultivos y crecientes desafíos para la seguridad alimentaria. Actuar antes salva vidas y reduce costos, por ello, el Programa Mundial de Alimentos viene trabajando junto al Gobierno Peruano en acciones anticipatorias, asistencia de emergencia, intervenciones sensibles a la nutrición y fortalecimiento de capacidades institucionales.La buena noticia es que América Latina y el Caribe es hoy una referencia mundial en materia de preparación y acción anticipada.
La experiencia acumulada por los gobiernos de la región demuestra que invertir antes de un impacto no solo salvaguarda vidas, sino que también protege el desarrollo y fortalece la resiliencia. El desafío ahora es ampliar y acelerar esos esfuerzos ante un fenómeno de la magnitud de este Niño.*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.
Este reporte fue elaborado por la redacción de PeruAlDia mediante curaduría y síntesis periodística asistida, con información reportada originalmente por El Comercio .


