El ‘Limosnero de Lima’
Cuatro siglos antes de que Robert Prevost llegase por primera vez al Perú, puso sus pies en estas tierras otro pastor de almas llegado de lejos. Como aquel, tuvo un largo ministeri...
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- Cuatro siglos antes de que Robert Prevost llegase por primera vez al Perú, puso sus pies en estas tierras otro pastor de almas llegado de lejos.
- Estamos así a pocas semanas de celebrar el tercer centenario de la canonización de uno de los principales representantes del nutrido santoral de esta tierra, que en estos días pareciera exudar más odios políticos que piedad cristiana.
Cuatro siglos antes de que Robert Prevost llegase por primera vez al Perú, puso sus pies en estas tierras otro pastor de almas llegado de lejos. Como aquel, tuvo un largo ministerio entre nosotros, desempeñándose como cabeza de la Iglesia peruana entre los años de 1581 y 1606. No llegó a Papa, pero sí a santo, y fue consagrado como tal por el Vaticano en diciembre de 1726.
Estamos así a pocas semanas de celebrar el tercer centenario de la canonización de uno de los principales representantes del nutrido santoral de esta tierra, que en estos días pareciera exudar más odios políticos que piedad cristiana.Toribio Alfonso de Mogrovejo vino a este mundo en Mayorga, un pueblo de España, en 1538, dentro de una familia de la nobleza feudal, que había derivado hacia las letras.
Su biógrafo más reciente, José Antonio Benito, reseña que uno de sus tíos fue uno de los conquistadores que en Cajamarca prendieron al inca Atahualpa, y murió poco después como víctima de unas galgadas de los indios de Jauja.El joven Toribio se formó en derecho canónico y en 1579, cuando se desempeñaba como inquisidor en Granada y cifraba los 40 años, fue propuesto por el rey Felipe II para ocupar el arzobispado de Lima.
Medidas adoptadas y próximos pasos
Medidas adoptadas y próximos pasos
De hecho, Mogrovejo, junto con su antecesor en el cargo, Jerónimo de Loayza, y su sucesor, Bartolomé Lobo Guerrero, fueron los jefes de la religión católica en el Perú que marcaron la pauta de una Iglesia comprometida con la defensa de los indios y negros frente a las ambiciones de los colonos españoles, que en su versión de encomenderos, terratenientes, empresarios mineros o textiles, explotaban su trabajo hasta no dejarles cera en la oreja, para emplear una gráfica expresión de la época. De los tres, Mogrovejo es conocido por su talante misionero.
De los 24 años que duró su ministerio entre nosotros, pasó 17 en sus visitas pastorales, principalmente por las provincias de la costa y sierra norte.
En estos recorridos, hechos a lomo de mula o a pie, cuidó de hacer cumplir los acuerdos de los concilios y sínodos que organizó, tales como adoctrinar a los indios en sus propias lenguas, instalarlos en pueblos (“reducciones”) levantados bajo el modelo de las aldeas rurales de España, donde sus viviendas tuviesen puerta a la calle, de modo que pudiesen ser visitados (y controlados), erigir hospitales donde los pobres pudiesen ser atendidos en sus dolencias, y escuelas para instruirlos en la lengua castellana y las primeras letras.
Los curas que después de un año no dominasen la lengua nativa, sufrirían el descuento de un tercio de su salario.Veló también para que los curas no cobrasen derechos a los indios por sus servicios y puso cuidado en que estos abandonen sus antiguas prácticas religiosas, como aquellas que incluían sacrificios de animales, deformaciones craneanas o mutilaciones corporales, y armonicen sus prácticas de emparejamiento y matrimonio con las reglas de la nueva religión que se imponía bajos estos cielos.Una iglesia tan activa y celosa de su defensa de los pobres entró en colisión con el poder.
Mediante una de sus “tradiciones”, Ricardo Palma divulgó los enfrentamientos que tuvo el arzobispo con el virrey García Hurtado de Mendoza, por la delimitación de la frontera entre lo que era del César y lo que era de Dios.A Mogrovejo le sobrevino la muerte cuando realizaba su tercera visita, y se despidió de este mundo en Zaña en marzo de 1606.
Su figura nos recuerda que, en la colonización del Perú y la forja de su identidad y tejido social, la Iglesia fue un protagonista de primer orden, en virtud de personajes tenaces y abnegados, y seguramente también controvertidos, como el ‘Limosnero de Lima’, como fue conocido por la austeridad con la que vivió y la generosidad con la que colmó a quienes hasta él llegaron.*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.
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Este reporte fue elaborado por la redacción de PeruAlDia mediante curaduría y síntesis periodística asistida, con información reportada originalmente por El Comercio .


