Cusco: ¿qué hicimos con los S/ 27 mil millones del gas?
Desde que Camisea comenzó a operar, en 2004, los cusqueños esperamos que el gas natural llegue a nuestros hogares y negocios. Dos décadas después, esa demanda sigue siendo legítima...
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- Desde que Camisea comenzó a operar, en 2004, los cusqueños esperamos que el gas natural llegue a nuestros hogares y negocios.
- gas virtual en el corto plazo y un gasoducto en el mediano plazo.
Desde que Camisea comenzó a operar, en 2004, los cusqueños esperamos que el gas natural llegue a nuestros hogares y negocios. Dos décadas después, esa demanda sigue siendo legítima y urgente. Pero quizá ha llegado el momento de formular una pregunta todavía más incómoda: ¿qué hicimos con la riqueza que el gas ya dejó en Cusco?La primera tarea, por supuesto, sigue siendo masificar el gas. Durante años se planteó una falsa disyuntiva entre construir un gasoducto o transportarlo en cisternas, el llamado gas virtual. Cusco necesita ambas soluciones:
gas virtual en el corto plazo y un gasoducto en el mediano plazo. El norte lo entendió antes: sin gasoducto, abastece por vía terrestre a cientos de miles de hogares. Cusco también puede avanzar mediante inversión privada en un proyecto que, en una primera etapa, atendería a más de 200 mil usuarios en siete regiones.Pero llevar gas a los hogares responde apenas a una parte del problema.Desde 2004, Cusco ha recibido cerca de S/ 27 mil millones por canon y sobrecanon, más de US$ 7 mil millones.
Sin embargo, frente a semejante volumen de recursos resulta difícil señalar una obra que haya transformado decisivamente la estructura productiva regional. Se ejecutaron cientos de proyectos, muchos necesarios, pero pocos capaces de elevar de manera permanente nuestra productividad y competitividad. Esa es quizás nuestra mayor paradoja: somos una región rica en canon, pero todavía pobre en capital.La diferencia entre renta y capital importa. La renta llega, se distribuye y se gasta. El capital permanece y continúa produciendo cuando el flujo que lo originó se acaba.
Medidas adoptadas y próximos pasos
Medidas adoptadas y próximos pasos
Durante veinte años hemos aplicado, en términos generales, una fórmula bastante simple: explotar, cobrar y gastar. Los recursos se distribuyen entre el Gobierno Regional y decenas de municipalidades y terminan fragmentados en cientos de intervenciones. Muchas cierran brechas importantes;
muy pocas cambian la geografía económica del Cusco.Si seguimos bajo esa lógica, cuando el gas se agote podríamos conservar el recuerdo de una región que recibió miles de millones, pero no necesariamente los activos que esa riqueza pudo haber construido.Por eso el verdadero desafío consiste en transformar una parte de esa renta extraordinaria en infraestructura extraordinaria: aquella que reduzca costos, aumente la productividad, conecte conecte mercados y genere nuevas fuentes de ingreso cuando Camisea ya no produzca las mismas rentas.Eso exige algo poco habitual en nuestra política:
Asignación presupuestal y recursos autorizados
ponernos de acuerdo en dos o tres proyectos transformadores y mantenerlos durante varios gobiernos.Hay candidatos evidentes. El Gasoducto Regional del Cusco permitiría acercar energía competitiva a hogares, talleres e industrias. Los corredores hacia Matarani y Marcona reducirían nuestros costos logísticos, porque quien llega caro al puerto termina exportando caro aquello que produce barato. Y está una infraestructura que nuestra geografía reclama desde hace décadas: el túnel La Verónica.Con cerca de 15 kilómetros bajo el nevado, sería el túnel más largo del país.
Asignación presupuestal y recursos autorizados
Reduciría el difícil recorrido por el abra Málaga y acercaría el café, el cacao y la fruta de La Convención a Cusco y a los mercados nacionales e internacionales. El MTC estima una inversión cercana a S/ 1350 millones y desarrolla actualmente el estudio de preinversión. Más que una obra vial, La Verónica podría convertirse en una inversión de productividad territorial: unir de manera más eficiente nuestros Andes con nuestra Amazonía.Pero allí aparece uno de los grandes problemas de nuestra infraestructura pública:
el reloj de las obras y el reloj de la política no avanzan a la misma velocidad.Una obra de esta magnitud puede necesitar más de un período gubernamental. Nuestra política, sin embargo, premia aquello que puede inaugurarse antes de la siguiente elección. Si la fotografía final probablemente corresponderá al sucesor, el incentivo para iniciar grandes proyectos disminuye.Ese es justamente el paradigma que la próxima gestión regional podría romper.Un gobernador no necesita inaugurar La Verónica para haberla hecho posible.
Puede dejarla financiada, contratada y en ejecución, dentro de una estructura suficientemente sólida para que el siguiente gobierno tenga que continuarla en lugar de empezar otra vez desde cero.La Verónica ya tiene nombre. Lo que necesita es fecha, financiamiento y continuidad.Para lograrlo necesitamos proteger mejor la infraestructura estratégica del ciclo electoral.
No para retirar la política de las decisiones públicas, algo imposible y además indeseable, sino para evitar que cada elección vuelva a poner en discusión proyectos que deberían responder a horizontes de veinte o treinta años.Una alternativa es constituir un fideicomiso de infraestructura que reciba una proporción estable del canon, administre profesionalmente esos recursos y financie una cartera previamente acordada. El fideicomiso no es una varita mágica ni sustituye una buena evaluación técnica. Su valor estaría en algo más importante:
comprometer recursos, reglas y proyectos más allá del gobierno de turno.Permitiría, además, introducir una lógica que el Cusco ha utilizado poco: emplear prudentemente una parte de las rentas futuras para construir hoy los activos que producirán mañana.El Gobierno Regional recibe aproximadamente S/ 400 millones anuales de canon gasífero.
Un ejercicio financiero conservador muestra que, comprometiendo solo una parte de ese flujo, manteniendo reservas frente a variaciones de ingresos y respetando las reglas fiscales, podría estructurarse alrededor de S/ 900 millones de financiamiento a diez años.
Con plazos mayores, la capacidad podría superar los S/ 1000 millones.Ese sería únicamente el primer piso.Si esos recursos públicos se utilizaran como cofinanciamiento de asociaciones público-privadas y el capital privado aportara alrededor de la otra mitad, solo el Gobierno Regional podría movilizar una cartera cercana a S/ 2000 millones.Pensemos por un momento en lo que esa cifra representa.Miles de millones de soles entrando progresivamente en ingeniería, construcción, transporte, servicios, maquinaria, alimentación y proveedores.
Empresas locales ampliando capacidades para atender proyectos de mayor escala. Profesionales, técnicos y trabajadores encontrando nuevas oportunidades. Y, sobre todo, infraestructura que seguiría produciendo mucho después de que termine el mandato del gobernador que la inició.La infraestructura tiene esa característica: produce dos veces. Primero, durante su construcción, cuando moviliza inversión, empleo y demanda.
Luego, durante décadas, cuando reduce costos, conecta mercados y aumenta la productividad.Y todavía existe un segundo nivel.Las municipalidades reciben aproximadamente tres cuartas partes del canon gasífero, alrededor de S/ 1200 millones anuales. El ejercicio planteado muestra que una participación equivalente apenas al 10% de esos recursos podría llevar la cartera conjunta hacia los S/ 3200 millones; con el 20%, podría superar los S/ 4400 millones. A esa escala ya sería posible pensar simultáneamente en proyectos como La Verónica y el Gasoducto Regional.No se trata de endeudarse porque sí.
La deuda no crea riqueza por decreto y los recursos de mañana comprometidos hoy dejarán de estar disponibles para otras necesidades. Precisamente por eso este mecanismo solo tendría sentido para proyectos cuya rentabilidad económica y social justifique adelantar esos ingresos.Utilizar rentas futuras para financiar gasto corriente sería simplemente gastar antes. Utilizarlas para construir infraestructura que reduzca durante décadas los costos de energía, transporte y acceso a mercados es algo muy distinto:
es convertir renta en capital.Y allí aparece quizás la verdadera innovación que necesita el Gobierno Regional.Durante años hemos concebido al Gore principalmente como un administrador de presupuesto: recibe transferencias, ejecuta proyectos y, cuando quiere realizar una obra mayor, viaja a Lima para tocar las puertas del MEF o del ministerio correspondiente.La próxima gestión podría cambiar esa relación.Cusco necesita pasar de un Gore administrador de transferencias a un Gore estructurador de inversión y capital territorial:
una institución capaz de utilizar su canon como capital semilla, organizar fideicomisos, estructurar financiamiento responsable, atraer inversión privada, articular recursos municipales y gestionar proyectos que sobrevivan a los períodos gubernamentales.El liderazgo regional dejaría entonces de medirse únicamente por cuánto dinero consiguió en Lima. También se mediría por cuánto capital fue capaz de movilizar a partir de los recursos que Cusco ya posee.Esa podría ser una de las mayores innovaciones institucionales de la próxima gestión.Noruega ofrece una referencia conocida.
Tras descubrir petróleo a fines de los años sesenta, comprendió que una renta extraordinaria no debía confundirse con riqueza permanente. Creó instituciones para ahorrar e invertir una parte importante de esos ingresos y estableció reglas capaces de sobrevivir a los distintos gobiernos. El fondo soberano fue el instrumento. La verdadera innovación fue política: consenso, disciplina e institucionalidad.Cusco no necesita copiar a Noruega. Necesita comprender la lógica:
una renta extraordinaria debería dejar activos extraordinarios.La historia quizás le esté ofreciendo a la próxima gestión regional una de las últimas grandes oportunidades de hacerlo. Camisea no será eterno.
La renta que hoy parece abundante disminuirá algún día y entonces ya no podremos decidir nuevamente qué hacer con ella.Dentro de veinte años, alguien volverá a preguntar qué hicimos con el dinero del gas.Y quizá no tengamos que mirar demasiado lejos para comprender la magnitud de esa responsabilidad.Hace siglos, los incas construyeron caminos, andenes, canales, centros administrativos y sistemas hidráulicos pensando más allá de la siguiente cosecha. Parte de esa infraestructura continúa en pie y, paradójicamente, todavía hoy genera valor para nosotros.
Machu Picchu, el Qhapaq Ñan, los andenes y el patrimonio construido por nuestros antepasados siguen atrayendo visitantes, generando empleo y produciendo ingresos para miles de familias cusqueñas.Nosotros todavía vivimos, en alguna medida, del capital que dejaron quienes estuvieron aquí hace quinientos años. La pregunta es qué capital dejaremos nosotros.Tal vez esa sea la verdadera medida de una generación política.No cuánto presupuesto ejecutó. No cuántas pequeñas obras inauguró. Ni cuántas veces consiguió una transferencia adicional del Gobierno Nacional.
Sino qué infraestructura dejó para que quienes vengan después puedan producir más, conectarse mejor y vivir mejor.El próximo gobernador tiene frente a sí esa oportunidad: dejar de administrar solamente la renta de Camisea y comenzar a transformarla en patrimonio económico para el futuro. Pasar del Gobierno Regional que toca las puertas del MEF al Gobierno Regional que estructura capital, moviliza inversión y lidera una visión de largo plazo.Y quizás ese sea también el principal mérito de un fideicomiso bien concebido:
conseguir que una gran obra deje de pertenecer al gobernador que la inicia o al que la inaugura y pase, finalmente, a pertenecer al Cusco.Si lo hacemos, cuando nuestros hijos vuelvan a preguntar dónde quedaron los miles de millones del gas, no tendremos que abrir una hoja de cálculo para explicarlo.Podremos mostrarles un túnel de oportunidades, La Verónica, energía llegando a hogares y empresas, carreteras conectando nuestra producción con el Pacífico y una región más integrada y productiva.Los incas nos dejaron infraestructura que, cinco siglos después, todavía genera riqueza para los cusqueños.
Nuestra generación recibió el gas. Su responsabilidad histórica es decidir qué dejará cuando el gas ya no esté.
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Este reporte fue elaborado por la redacción de PeruAlDia mediante curaduría y síntesis periodística asistida, con información reportada originalmente por El Comercio .

